Una noche de brujería

by Marcos Xalabarder

Sus amigotas le propusieron irse de brujería. Olerían ricino, pelarían gatos, mamarían tetas de cabra y follarían con tiranos. ”No sé, igual no salgo’’, les dijo un poco cansada. Sabía que las resacas eran de órdago. ‘‘Va, mujer, anímate, si la vida son dos días”.

Salió con ellas. Le dijo a su mamá que volvería tarde. Su mamá le dio algunos botes de párpados de lagarto por si las moscas. ‘‘Bueno, pero yo conduzco’’, insistió. Y se puso al volante de sus pasos cortos y rápidos, y enseguida llegaron al descampado. Empezaron por costumbre con los ritos y despellejos, después siguieron con los cánticos siniestros, con los corazones de mamífero y las sangrías de joven-adolescente-que-no-sabe-dónde-se-ha-metido.

‘‘Dime una cosa’’, le preguntó a una amiga mientras echaba unos brazos al fuego, ‘‘¿Somos brujas o vampiros?’’

La amiga se la quedó mirando un rato. Luego le dijo: ‘‘Venga, déjate de tonterías, que se va a enfriar este muchacho”.

‘‘Tienes razón’’, le respondió, avivando la llama con una rodilla que había encontrado. ‘‘¿Me estaré volviendo rara?”

‘‘No te comas el coco’’, le insistió su amiga. ‘‘Venga, que te invito a un trago y luego nos tiramos a esos pelagatos del Ministerio. Mañana no van al Congreso, eso te lo digo yo’’.

Y la bruja cercenó, desgajó y folló, pero al día siguiente la resaca era tan grande que incluso una gran bruja como ella supo que había llegado el momento de serenarse, de encontrar marido y no matarle.

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