ROS

by Marcos Xalabarder

La rosa echa en falta una letra. No sabe en qué rosal se ha podido extraviar. La recogieron una mañana y acaso un pétalo, acaso una espina, decidieron no abandonar su lugar. La viajaron en manos, camionetas, jarros y papel de celofán. La movieron tanto que de su naturaleza llegó a dudar. Hoy descansa mirando a una ventana, sobre un lecho de flores blancas que la envuelven como si el cuello de una reina quisieran resaltar.

A pie de calle la gente pasa. Un hombre se detiene y admira el bello ramo. Sus ojos se adentran en la espiral roja y se abre para él la ventana de un recuerdo de amor.

Frente al amante la rosa recuerda que quiere amar, y le falta una letra para poderse dar. ¿Quién se la devolverá? ¿El hombre que mirándola sentido le da? ¿O quedará desnuda si después de unos instantes el joven se echa a andar calle abajo y desaparece para no volver más?

Por un momento Rosa y Hombre se miran sin hablar. Ambos echan de menos una letra que jamás podrán olvidar. Ella teme que él se lleve consigo la oportunidad. Y él, que cuando siga su camino se deslice de su mente la imagen del rosal. Ambos aguardan quietos para no dar pie a un final. La rosa quiere ser llevada y el hombre la quisiera tomar. Pero una ventana les separa. Ninguno es del otro propiedad.

Y justo antes de que los transeúntes, como una corriente arrastren al hombre a la mar, los dos se dan cuenta de algo singular: que la ventana es un espejo donde se han permitido mirar. Y él se lleva envuelto en sonrisas la prueba de que aún sabe amar y a ella le queda junto al lecho el aroma del amante que sólo una rosa con A mayúscula será siempre capaz de atrapar.

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