Las dos caras de la luna
by Marcos Xalabarder
Dedicado a Clara Torres
El mar les separaba. El mar les unía. El mar les separaba.
Sentada en la orilla, cada lengua de espuma que se le acercaba le traía un recuerdo y luego se lo llevaba. “Los recuerdos serán efímeros”, pensaba, “pero vienen a todas horas”.
Hubo un tiempo no muy lejano en que los dos estuvieron en la misma orilla. Siempre pensó que el mar les contemplaba dichoso y por eso, cuando tuvieron que separarse, fue el mar quien se encargó de traer y llevar mensajes entre los amantes. El mar era un mesajero caprichoso: tendía su mensaje con insistencia, pero nunca lo entregaba. O bien ella no era capaz de tomarlo con las manos y llevárselo. ¿Por qué las grandes cosas a penas pueden abarcarse? ¿Por qué ni siquiera pueden tocarse?
Estaba segura de que al otro lado del océano él también estaba sentado en una playa y que le mandaba las olas que luego ella le devolvía. Era un diálogo silencioso y lleno de amor, pero solitario.
“Soy como la luna”, se decía cuando permanecía toda la noche en la arena, “A veces está llena, a veces vacía, pero siempre está sola. Si yo no puedo hacerme con el mar, él tampoco podrá alcanzar la luna”.
Como la luna, tenia dos caras. En una era una mujer observadora y no le disgustaba invertir mucho tiempo en pensar las cosas. Tenía una poderosa mente que se hacía todas las preguntas: ¿Qué es verdaderamente lo que nos separa?, pensaba. ¿Es el mar? ¿Es la distancia que hay hasta la luna? ¿O acaso será la pretensión de tocar con las manos lo inalcanzable?
“Cuando abro los ojos veo un mar tan grande que me parece imposible que no nos aparte”.
Pero luego la luna menguaba hasta ser tan delgada como un paréntesis. Y llegaba la noche en que éste caía y dejaba al descubierto un cielo infinito sin límites ni puntos de mira. Entonces emergía su cara oculta, un rostro invisible y silencioso donde no se interponía nada. Sin soñar, sin dormir siquiera, podía sentir que habían pisadas en la luna oculta y que el océano sin vigilancia se abría para permitir el encuentro entre los dos amantes.
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