La válvula
by Marcos Xalabarder
A la válvula le daba igual para qué lado la empujaran, pero le gustaba estar abierta. Adoraba los momentos en que no obstruía nada. De hecho prefería ser una válvula rota a una nueva. Ojalá en una de estas una corriente furiosa la partiera! Como a toda válvula lo que más le disgustaba de su existencia era la ambigüedad.
¿Ahora abierta? ¿Ahora cerrada? ¿Qué clase de práctica seria es esa?, parecía decir cuando vibraba. ¿Qué caprichoso destino me maneja?
Un día, viendo pasar un clavo en medio de un chorro de agua, la válvula lo tomó de la cabeza y lo convirtió en una llave maestra. Cuando quería relajarse colocaba el clavo de manera que la vía quedaba abierta o experimentaba estar a ambos lados del vacío y la plenitud si lo quitaba. Este libre albedrío le trajo, sin embargo, serios problemas.
“Esta válvula no funciona, habrá que cambiarla”, oyó que decían los mecánicos.
“No es que no funcione”, decía otro, “Es que va cuando le da la gana”.
¡Eso no podía ser! ¡Una válvula que funcionara según le rotara! ¿qué clase de mecanismo aguanta eso? Y además, las motivaciones de la válvula para abrirse o cerrarse, ¿coincidían con las de todo el sistema? Si no coincidían, más le valía a la válvula no tener libertad para no cagarla.
“Una simple válvula no está preparada para saber cómo debe comportarse libremente”, explicaba el ingeniero jefe a sus mecánicos para que entendieran por qué había que cambiarla. “Carece de visión de conjunto”.
“Pero la válvula no está deteriorada”, replicó un mecánico que era muy cuidadoso. “¿Qué tal si la fijamos nosotros mismos en la posición que nos convenga?”.
“Claro, pero ¿en qué posición exactamente?”, preguntó el otro mecánico.
Después de pasear un rato arriba y abajo por la habitación, el ingeniero jefe se dio cuenta de que la pregunta no era tonta. Si estaba abierta podía entrar cualquier cosa en el sistema. Si cerrada, la presión haría estallar la caldera.
‘Yo no quiero ser responsable de un estropicio. Supongo que ella sabrá lo que hace’, concluyó el ingeniero abandonando la sala.
Los demás mecánicos se miraron entre sí, luego miraron a la válvula y se marcharon.
Cuando estuvo sola la válvula pensó que era un buen momento para un baño y abrió la compuerta. Un agradable chorro de agua fría le recorrió el espinazo.
- La herida abierta Diablo (así le llamaban aunque fuera humano) era especialmente sádico...