La ofrenda
by Marcos Xalabarder
En el templo todos los monjes mostraban sus respetos al Dios mediante ofrecimientos.
Unos ofrecían incienso, otros alimento, algunos néctares deliciosos, flores, especias y oro.
Uno había que no tenía nada y, por no ofrecer lo que no tenía, entregaba su palabra: “Buenos días”, le decía al Dios cada vez que visitaba el templo.
“Feliz noche”, decía cuando se retiraba.
Algunos monjes criticaban su comportamiento. Pensaban que no era respetuoso ofrecer tan poco.
Un sabio del templo le dijo un día: “Querido hermano, el Dios no necesita que le desees un buen día porque vive instalado en la Verdad más luminosa. ¿No sería mejor ofrecer una parte de tu alimento?”
“Maestro”, le respondió el discípulo. “No es ningún ofrecimiento, sólo digo lo que siento cuando le veo”.
“Buenos días entonces”, respondió sonriendo el maestro.
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