La iniciación
by Marcos Xalabarder
Había alcanzado su edad de iniciación. Cada miembro de la tribu tenía una edad de iniciación distinta que desconocían hasta que no llegaba el momento. A algunos los iniciaban en el rito secreto nada más nacer; otros no la cumplían hasta el preciso momento de la muerte; pero en su caso, por fin había llegado su momento cuando todavía era una niña.
Lo supo sin más. La tribu no tenía brujos y cada miembro debía deducir y practicar a solas todos los ritos, así como identificar el momento en que era oportuno llevarlos a cabo. Así, en la tribu era frecuente ver actitudes extrañas, ceremonias espontáneas en medio de la plaza; se oían gritos de madrugada, se murmuraban muchas canciones inventadas o de pronto alguien se sentaba frente a una cabra y ya no se levantaba hasta después de una semana. Era ciertamente una tribu primitiva que de haber sido descubierta habría aprendido modales.
A la niña le vino la señal en un sueño en el que una larva que tenía en la garganta eclosionaba. De la larva salía una mariposa llevándose su voz en forma de alas y desplegándola por toda la sabana.
Entonces a ella le pareció que era el momento de iniciarse. Pero no sabía cómo ni para qué. ¡Era muy joven!
Le preguntó a su padre, pero éste se encogió de hombros. Le preguntó a su madre, pero se puso a hacer la colada. Y entonces, ¿qué debía hacer?
En el pueblo había un tótem. No tenía cara y cada cual lo decoraba a su manera. A veces tallaban una forma en su superficie; a veces alguien lo golpeaba; a veces incluso se derribaba. La niña se puso frente al tótem, encendió una pequeña hoguera y se quedó mirándolo toda la noche. Supongo que esperaba que le hablara. De los pueblos primitivos se puede esperar cualquier cosa. Pero a la mañana siguiente el totem la dejó más confundida de lo que estaba porque no le había dicho nada. ¿Su silencio significaba algo? ¿Acaso era demasiado pronto? ¿Acaso era tarde? Pasó todo el día siguiente sumida en preguntas. Y cuantas más preguntas se hacía, más preguntas se sentían atraídas y la acosaban. Poco a poco comenzó a sumirse en sus pensamientos y pasaba horas con los pies sumergidos en el agua del río, mirando la arena del fondo. Sentía vértigo ante el abismo de silencio al que arrojaba sus preguntas sin respuesta. Ni siquiera oía el ruido del golpe en lo profundo.
Lo más duro es que nadie sabía orientarla; ni quería tampoco. Ya hemos dicho que era un pueblo antiguo. Estaba sola con su interrogante, preguntándose, cómo no, si alguna vez tendría derecho a una respuesta.
- Fuera de la fortaleza Fuera de la fortaleza era difícil proveerse de alimento. En...