La fotógrafa de postales
by Marcos Xalabarder
Era fotógrafa de postales. Se había especializado en la materia y ya sólo encuadraba cuando veía una imagen digna de una postal bonita y agradable. Era seria y no se dejaba distraer ni enturbiar por las circunstancias del entorno. Aunque hubiera guerra donde iba por su trabajo, ella buscaba la postal más hermosa posible.
Naturalmente, la acusaban de insolidaria. Ella ya lo sabía y cargaba con ello bien aunque con cierto peso. Pero cuando pensaba en las postales que hacía estas dudas desaparecían por completo. Una postal era una imagen muy seria. Una imagen que literalmente viaja de unas manos a otras. Alguien elige esa imagen para regalársela a otra persona. ¿Iba a poner ella entre dos personas una imagen de sufrimiento? “El sufrimiento viaja”, pensaba ella, “Pero no seré yo quien le pague el pasaje”.
Al fin y al cabo, ella era una mirada. Una mirada necesaria. Le parecía bueno recordar que había belleza en medio de la violencia; que era posible amar un cielo por donde acababa de cruzar un misil; que todavía quedaban lugares en los bosques donde perderse; que volvían a haber pájaros donde antes manchaba el petróleo; que el mar no se había ahogado todavía.
“Este es mi periodismo: dar fe de que todavía existe el mundo”.
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