La bibliotecaria

by Marcos Xalabarder

La bibliotecaria recorría los estrechos pasillos de una gigantesca biblioteca de Babel. Había ido a buscar un libro que le habían pedido. Para encontrarlo tenía que subir cientos de escaleras, atravesar pasadizos, abrir puertas secretas que requerían paciencia y estudio. Las rutas eran complejas y nunca podía volver por el mismo camino. Lo único con lo que contaba era su pequeño farolillo de metal, con el que arrancaba luces a las sombras y a penas iluminaba los lomos de los libros. Cada paso que daba le descubría un mundo y le ocultaba otro y su corazón sentía al mismo tiempo la emoción del hallazgo y el peso de la renuncia inmediata.
Empleaba mucho tiempo y esfuerzo en dar con el libro preciso, tal era su deseo de ser eficiente en su trabajo. Quizás era por eso que no tenía muchos clientes la biblioteca, porque tenían que armarse de paciencia. Pero su verdadero dilema era por el camino encontraba muchos otros que le interesaban y a penas se daba el tiempo de mirarlos. Un título por aquí, el lomo desprendido de otro por allá. Y cuando terminaba con su encargo no recordaba nada. Desesperaba porque el celo en su trabajo la torturaba. “Si me detengo aquí pierdo el hilo de mi destino. Si me distraigo con estos estímulos podría olvidar el encargo y ¿Cómo volver con las manos vacías?”. Por eso en cada encargo que cumplía perdía mil mundos.
Un día un cliente le propuso un encargo extraño: “Quiero que me traiga el libro que más le guste. Escójalo con tiempo y no se preocupe por mí. Estaré esperando”. La bibliotecaria se esforzó en no poner cara de asombro, pero algo la removió por dentro. Salió del mostrador y se planto delante de los primeros veinte pasillos. Tendió el farolillo por encima de su frente y escogió uno al azar. Luego se detuvo frente a un título que le gustaba y comenzó a leerlo. Al principio se sentía preocupada. “No sé cuánto esperará ese señor tan raro”, se dijo. Pero poco a poco se dejó impresionar por la lectura y sin darse cuenta terminó leyéndolo entero. “Ha sido maravilloso”, sintió rejuveneciendo de pronto. “¿Pero cómo sé que no me gusta más otro?”. Y dicho esto emprendió un camino sin tiempo ni destino en busca de su propio libro.

Cuentos relacionados