Juegos de un mar de la China

by Marcos Xalabarder

Texto del remitente:

Bue… creo estar hablando siempre de lo mismo. Nombrando las mismas palabras…,De alegría…,De él,De cosas que dicen mucho….,De esas pocas certezas… que solo el cuerpo sabe…,De los pasos…,De lo incierto.,De lo inmenso e innombrable .,De ojos y miradas….,Diciendo siempre lo mismo en distintas oraciones….,Escribiendo lo mismo diciendo distintas cosas….,Otras veces de colores…,Siempre maravillada… siempre silencio,Y de lo que no dice nada…,Y hablo de todos porque hablo de mí.,Y por eso tanto digo sensación…

Hay un mar de la China que tiene una costumbre secreta. Al principio de las temporadas le gusta, sin que nadie lo sepa, abandonar su lugar.
Se desliza transparente confundiéndose con la arena y la sal. Sale de las profundidades y de la superficie: el mar. El mar se llega hasta la tierra y busca un lugar donde el río venga a parar.
Lo toma como camino y se echa a andar. Ni lavanderas ni pescadores ni niños bañados lo saben diferenciar. El mar pasea desnudo, sinuoso, sensual. Río arriba el mar se reparte por igual.
Se divide en las bifurcaciones, se desborda en los márgenes, se filtra en la tierra y se eleva por los aires, separándose en pequeños grupos, para saciar a un molino de madera.
Luego al mar le gusta asomar en los arrozales, bañarse en el té de menta, . Pero lo que más le gusta al mar es la hora de regresar: se tira por las cascadas, gotea en los grifos, se vierte por casualidad. Poco a poco todas las gotas, regresan a su lugar.
Y el mar vuelve a trabajar, a ajustar las corrientes, a enfriar el fondo del mar, a decorar barcos hundidos y a conservarse en sal.

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