Instrucciones para atrapar a una nota
by Marcos Xalabarder
Dedicado a Bosu Dimitri
Quería atrapar a Dominique y escarmentarla. Él era músico y Dominique su NOTA. Todo músico tiene una NOTA a la que persiguir durante su vida. Él la perseguía entre París y Bruselas, que es donde la sentía vibrar. De hecho, su búsqueda era contínua; sólo hacía pausas en las esperas de los aeropuertos. Allí, entre los megáfonos de información y las voces monocordes de las azafatas no se imaginaba encontrarla.
Una vez la tuvo cerca. Creyó incluso haberla atrapado en una pista y presumió de ser dueño de un loop único. Pero Dominique no se sujetaba a la electrónica y cuando quiso sacarla en mitad de un concierto se encontró únicamente con su cáscara: la pista era el esqueleto sintético de un alma evadida. Aquello le dolió mucho y se juró dar con ella y someterla.
Lo que emprendió, en cambio, fue el camino contrario. Se hizo esclavo de Dominique y la siguió allí donde iba. Sufría si en los conciertos el DJ de turno la tocaba y ella se dejaba tocar. Era grotesco que aquellos payasos pudieran acariciarla sin ser conscientes de lo valiosa que era. “Me provoca”, pensaba mientras se llevaba otro cigarrillo a los labios. “Incluso la he visto en la MTV, haciéndose la inalcanzable, zorra”.
Fundó Sbles3plex sólo para tener una base sólida desde donde proseguir su caza. Con la excusa del grupo conseguía sesiones en las principales capitales europeas. En cada concierto aprovechaba los nervios para llamarla. Quería atraerla con la furia de su deseo. Para los demás Dominique no era ni mejor ni peor. Para él era única, era SU NOTA. Por esto estaba convencido de que al final se rendiría a su devoción y se uniría a él para no abandonarle. Se había convertido en un cazador experimentado, conocía todos los reclamos y técnicas para grabarla en el momento justo y por fin poseerla.
Había ampliado su equipo con algunas cajas de resonancia que en teoría servirían de acomodo para Dominique. Estaba seguro de que Dominique lo encontraría todo a su gusto y que entendería que aquel secuestro era una demostración de amor.
Pero el cazador pasó largas noches acechando sin éxito a su presa. Y fue perdiendo sus estrategias por los aeropuertos.
Por fin, una noche de la que no esperaba nada, Dominique apareció. Vino sin ser llamada, dulcemente, y la sala entera quedó sumida en largos minutos de electricidad extática. De hecho, sólo él y Dominique existían, mientras que el grupo y el público se convertían en un poderoso espejo. Tuvo tiempo suficiente para liberar la ansiedad de encontrarla a base de agua y calmarse para descubrir que, estando con ella, todo lo demás, sus planes, sus estratagemas, carecían de importancia y ya ni siquiera le importaba grabarla. Cuando Dominique estaba era puro presente.
Hicieron el amor durante toda la sesión y al final el músico le habló: “Vienes cuando quieres, te vas cuando te place. Esta vez tampoco vas a quedarte, ¿verdad?”
“Yo de aquí no me he movido nunca”, le contestó Dominique, “Pero tú sí que te marchas, cuando sales a cazar fantasmas”.
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