Hace varios años anoté la idea en una Moleskine:
Nota para espectáculo:
El escritor en directo, el tiempo lento de la escritura como obra para espectadores, creación en directo
Era una de tantas ideas que se dejan caer. Partía del deseo de llevar al texto a un nuevo espacio y de mi casi obsesivo propósito de eliminar distancias entre el mensaje y el receptor. El tiempo presente es el único que existe en el momento de escribir y, de alguna manera, quería que fuera natural compartirlo.
En febrero de 2010, después de varios giros en mi devenir, sentí que estaba listo para empezar. Me excitaba la idea, además, de hacer algo que nadie había hecho hasta entonces. Hice la búsqueda pertinente en internet para asegurarme de ello y di con un proyecto en Argentina, la Jam de Escritura, que tiene ya 3 años de rodaje. Bien, ya inventaron la mecánica, me dije. Se acabó la vanidad por ese lado. Me conformaré con ser un escritor en busca de un buen medio para sus letras. Al contrario, estoy agradecido porque, viendo lo que han hecho mis compañeros argentinos, creí. Descubrir ese proyecto con el formato que había imaginado (música y proyección del texto en una pantalla) me dio el estímulo que necesitaba para llevar a la práctica el ImproText. Dos meses después he llevado a cabo 5 sesiones con creciente éxito y confianza. No puedo estar más satisfecho y considero que tengo todo por delante para convertirme en un buen artesano en este medio nuevo.
El ImproText, más allá del soporte empleado, es un paso más en la evolución de mi escritura. Primero fue Pidemeuncuento, donde el lector me enviaba sus propias palabras para que le respondiera con un cuento en una suerte de interacción generosa y creativa. Eso ya estrechaba, de por sí, la sintonía entre autor y lector, al crear específicamente para él un texto que incluía la esencia de sus palabras. Llevarlo al tiempo real era el paso natural. Me puse entonces a hacer improvisaciones en directo, llamadas ‘Inventacuentos’, en las que pedía palabras al público y les devolvía una historia de viva voz. Fue una experiencia breve pero intensa, donde tuve algunas subidas y bastantes caídas. Deseaba con todo mi empeño compartir esos momentos mágicos que proporciona crear una historia, cruzar la línea que separa al escritor auto-referente y egoico del lector.
Pasar a la escritura en vivo responde, más que a la improvisación -término que no me gusta demasiado por lo que tiene de precariedad-, a la celebración del texto como imagen y como sonido. El texto reune ambas cosas, que se producen en la mente del lector. Me atrae mucho la dimensión visual y sonora de las palabras, su vida inherente, su aspecto humano, y desde hace un tiempo escribo en este sentido. Una cosa es llegar en diferido al lector y otra hacerlo en directo, compartiendo con él los encuentros y desencuentros del proceso creativo. Por otra parte, mi escritura lo demanda. No escribo para mi ombligo ni me interesa la literatura. Me interesa conectar la mente y la emoción del lector con la mía. Busco la empatía.
Por eso ImproText, con la ayuda de Rubén H en la música, nos concede la oportunidad de estar todos presentes y al mismo tiempo en el momento que se inicia el viaje que es escribir. Más que invitar a otros a ver cómo lo hago, lo hábil que soy y el ingenio que tengo, más que proponerle una velada diferente -que también- aspiro a sugerirles un viaje, un camino, construido línea tras línea solo para ellos. Ahí radica, creo, la diferencia con una improvisación literaria. Se improvisa, naturalmente, igual que estoy ‘improvisando’ este post o una conversación. Simplemente porque estoy creándola y procuro comunicarme de la mejor manera. He visto -y he participado en- algunos ejercicios de Improvisación teatral, escritura automática y manifestaciones afines. Son ingeniosos y bien practicados mueven una buena cantidad de público que se lo pasa bomba. La herramienta principal es, pues, el ingenio, la agilidad y la gracia. Para mí esto son herramientas secundarias o habilidades que equivalen a la gramática propia de la creación en directo. Pero siento que hay que ir más allá. ¿Para qué escribo? ¿Para qué cuento? El camino de mi escritura desea entrelazarse, de forma clara y explícita, con la imaginación y la vivencia del lector. Una cosa es el libro y otra muy distinta el texto que habita en él. Yo lo tengo claro, soy un servidor y un discípulo del significado por encima del significante.
Rubén H, la otra mitad de este proyecto, pone la música. Con él comparto la misma mirada, el mismo propósito y filosofía. No es un mero acompañante, ni está conmigo para animar la velada o limitarse a incorporar una dimensión sonora a la lectura -aunque ya de por sí es una gran aportación-. Es un artista que también desea hacer llegar sus mensajes y que evoluciona, estudia y avanza en esta rara simbiosis entre música y letra donde ninguna es más importante que la otra. Los dos creamos juntos, durante una hora, un trayecto único que jamás se volverá a repetir. Cada sesión es un paso hacia la siguiente ocasión. Los lectores, de momento solo espectadores, siguen el texto con suma atención y, según dicen, se ‘hipnotizan’ con él. No tanto en virtud del acontecimiento -que podría aburrirles- como por el hecho de que el texto y la música se comunican con ellos de verdad.
Aquí es donde Improtext empieza a mostrar su naturaleza específica, igual que cada escritor o músico se diferencian de los demás en función de su autenticidad. Por el contenido, el propósito y la manera de crear.
Con la escritura en vivo estamos ante un nuevo género, fascinante por su formato y por la novedad del soporte, por el hecho de compartir algo tan misterioso como el momento de la creación, por la transgresión que representa sacar al escritor de su armario y mostrar su ser abiertamente. Creo que hay que estar muy preparado para hacer algo así. No solo por la necesidad de una técnica a prueba de bloqueos y necedades, sino por la honestidad del texto. No basta con ponerse delante de un público y escribir sobre lo que se te ocurra. A mí me interesa ser un escritor transparente, empático, cuya escritura está tan viva y tan lúcida como pueda estarlo él.
A mí me ha llevado algunos años entrenarme para poder escribir como siento que lo quiero hacer. Años de conocerme a mí mismo y de conocer a los demás. La técnica la domino porque me he entrenado para que sea así. Soy prolífico, ágil en la imaginación y he improvisado lo bastante como para no ser esclavo de la página en blanco. No es tanto improvisar como respirar. Respirar la escritura hasta que se convierta en algo tan natural como el habla, pero con las ventajas que tienen los cuentos o la poesía sobre la comunicación habitual. Es el contenido lo que perdurará en la mente del lector y la forma será un instrumento más.
Por mi parte la escritura en vivo no será solo una novedad ni algo cool o curioso. Me tomo muy en serio mi texto, que está antes y estará después de cualquier formato. No estoy escribiendo en vivo porque sea único o nadie lo haya hecho antes -veo que insisto en este punto y que todavía me quedan gramos de vanidad. Escribo así por pura necesidad.
La ‘originalidad’ es una trampa del ego. Pronto trascenderemos la novedad para centrarnos en qué queremos decir. Casi todo se ha experimentado en la literatura, el cine y el arte en general. En el arte algunos persiguen la forma y otros se comprometen con el contenido. Quizá ya hemos hecho ese trabajo de inventar sin parar: coches, cohetes, cirugías, aceleradores de partículas… Quizá ha llegado el tiempo de saber para qué. La originalidad en la forma no me interesa como efecto per se, sino como resultado inevitable y no pretendido de un profundo proceso creativo, como un efecto colateral. Y aun así, por mi experiencia creadora he comprobado que lo mejor que podemos lograr es acceder a la fuente creativa, una fuente que mana para todos por igual.
Deseo una larga y próspera vida para la escritura natural en la que creo. No me cabe duda que entre mi iniciativa y la de otros muchos llevaremos adelante y arriba este género. Que no nos quedaremos en el entretenimiento ni en la curiosidad, que trabajando con las herramientas encontraremos nuevos lenguajes textuales que aun no se han inventado y que servirán para dar sentido verdadero al propósito de estos tiempos.
No dudo que la escritura en vivo crecerá. Y como en todo, habrá buenos y malos escritores -siendo los malos únicamente aquellos que fingen en vez de escribir-. Y habrá lectores para unos y para otros. Yo hace tiempo que busco a mi pequeña minoría y la encontraré, ya sea en un local, en un libro o en un texto lanzado al viento.