IMPROTEXT
(escritura por los pelos)
Rubén H (música)
Marcos X (redacción ortotipográfica)
Bienvenidos y gracias
Exterior. Estación de tren. Un tipo conun bombín corre detrás de un vagón de tren. Si no fuera blanco y negro se vería el sudor resbalar por su piel hasta mojarle las posaderas.
Persigue a una linda mujer que, pañuelo al viento, parece decirle adiós.
Detrás de ella asoma un tipo barbudo, es el ‘Malo’.
Gesticulaciones, angustia, el tipo del bombín levanta los brazos en señal de inútil protesta.
…
Interior. Noche. Un bar del Raval.
Varios grupos de personas departen alrededor de pequeñas mesas. Algunos son ajenos. Otros no.
El tipo del bombín -que perdió junto a las vías- gasta sus últimos alientos junto a una copa de bourbon…
En el cristal del vaso, amplificado por el cubito de hielo, el rostro crispado de su amor.
“Debí correr más”, piensa mientras apura lentamente el último sorbo de su tercera copa.
“Debieron salirme ruedas bajo los zapatos y la habría rescatado de aquel insensato”.
El tipo del bombín sin bombín pide otra bebida.
Mira a su alrededor una vez más.
Quién sabe cuántos bombines se han perdido hoy.
Interior de su cabeza. Noche.
(no oigo nada excepto esta mente intrusa. No recuerdo el día o la noche que la dejé entrar en mí. Pero como quien invita a un conocido a pasar la tarde, entró y ya no quiso salir. Su cantinela es lo único que escucho al otro lado de cada pared. Me he acostumbrado a él.
A veces la oigo gemir. Parece que no soy bastante hospitalario.
He intentado invitarle a salir. “Necesitas tomar el aire”, le digo. Respirar otras mentes, otras cabezas desprovistas de bombín.
Pero no responde con palabras. En cambio, su suspiro me recorre la piel)
Interior. Noche. Unos centímetros más abajo, junto al pecho.
El vecindario es ciertamente ruidoso. Circulan de un lado para otro como si no tuvieran nada que hacer. Me prometieron que esta era una comunidad tranquila, donde un hombre podía llorar sus penas en silencio, encontrar acaso la paz.
Puede escucharse todo a través de estas paredes que parecen de papel. Mi único consuelo, si es que puede llamarse así, es que no estoy solo.
El barrio anda revuelto. Crisis lo llaman.
Exterior. Día.
A través de los ventanales, descorridas por completo las pupilas, asisto a un nuevo amanecer.
Me parece ver, a lo lejos, la meliflua sombra del humo del tren.
Cuántas princesas irán en él.
El amanecer, como de costumbre, no es callado, sino que parece que todos los gallos se han propuesto despertar a la vez. Si hubiera nubes podría, al menos, atribuirlo a la tormenta que está por venir.
La espero con ansia muy inclinado sobre el alféizar de mi mirada, casi tocando con la punta de los dedos el marco de una ventana debajo de mí.
No tengo buen ángulo pero intuyo que hay alguien más detenido en el piso de abajo, mirando como yo el horizonte por si, de un casual, se aparece una señal
STOP
Es lo último que recuerda antes de tropezar y caer de bruces junto al andén.
Imperativa, la señal detuvo todo alrededor de él.
El momento del tropiezo, del accidente fatal
también es el instante en el que irrumpe violentamente la paz
STOP
Si te detienes. ¿qué señal te indicará continuar? No te quedes mirando fijamente la roja huella de este final.
El tren se fue. “Lo perdiste”, te susurra el viejo indigente de la estación.
“Es terrible la cantidad de trenes que pasan por aquí. Perderlos todos es habitual”, le respondes. (aunque no te escucha enfrascado como está en su batalla particular con el alcohol)
Y cerca de tí solo hay un músico.
Igual estaba allí antes de la señal. Antes de la vía, antes del bombín.
Por eso cierras los ojos y escuchando la armónica ya tienes otra vía sobre la que rodar.
No está sujeta, como el vil metal al suelo, ni carga en ella vagones llenos de fugitivas y proscritos.
No tiene paralelos y, por tanto, te puede
des (andar, hacer, animar, plegar)
orden (el que tiene un texto si pretende algo significar, la matemática sencilla de un paso que tras otro va, el remanso de los locos cuando duermen y sueñan con cuadrados y sólidas razones en las que reposar)
ar (símbolo del oro, en lo más profundo de
(cualquier oscuridad)
Interior. Exterior. Bar.
Es de noche y apenas quedan almas aquí. Algunas volaron con sus voces lejos, siguiendo el hilo deshilachado de una conversación que mañana olvidarán.
La oscuridad brilla solo gracias a unas pocas luces que han retenido la memoria del día.
El bar tiene dos puertas, pero solo una sirve para entrar o para salir. La otra permanece quieta, muda, como apenas significando. “Solo soy una puerta”, diria. “No soy más que eso. Ni la entrada ni la salida. Solo indico que existe un lado de este lado, y otro lado del lado de allá. Ni pomo tengo y no se me puede tentar. Soy como cualquier libro que hay en estas estanterias. Llenos de palabras, pero cerrados.
Igual que un libro eres tu.
Pareces sellado, callados tus labios. Solo puedo imaginar que por dentro hablas como ellos.
Estarás hecho de prólogos y epílogos, de capítulos sin acabar y algún pie de página sin ninguna referencia que vaga de margen en margen. Tendrás un héroe o una heroína. Y no me niegues que hay diablos dentro de párrafos borrosos que se extienden más allá de la paciencia del lector normal.
Tendrás, si mi imaginación no se equivoca, un principio y un final. Solo que ahora.
Ahora ambos descansan muy adentro y en silencio crepuscular.
No serás un libro en mil idiomas. Acaso unos pocos afortunados te puedan leer. Acaso te compartas en la cama, bajo la escueta lucecilla de la mesa.
Acaso seas prosa ágil y vertiginosa y cuentes un millón de hechos que te han llevado de acá para alla. Acaso seas poema, verso musical, una suave melodia que no todos puedan apreciar.
Eres un misterio. Y por muchos años, si la tinta es buena, en tí perdurará.
Aunque parezca contradictorio, a la vista de la tendencia que tienes como libro a cerrarte sin más, estás hecho (o hecha si eres novela) para que te lean al menos una vez, al menos un lector. En algún caso serás un autolibro, autobiográfica y autoreferencial. Pero si te acercas a mi idioma no dudarás en abrirte cuando te quieran pronunciar.
Y asi como yo puedes estar siempre cerrado, esperando -o no- en la estantería de este bar. Quizá ya dijiste todo, o todo está por deshojar.
Quiera esta puerta qe sí se abre dejar entrar alguna corriente
Una corriente que por efectos atmosféricos se convierta en vendaval.
Quiera esta puerta colaborar a tirarte del estante y abrirte al azar, dejar al descubierto tus líneas y que todos las puedan mirar.
No tienen palabras sino espejos los libros pacientes de este lugar.
(una pagina en blanco que otra,
también hay)
(quizá quieran desescribirse los libros de acá)
O sean vírgenes esperando quien las quiera
des
h (se apellida el músico, por si no lo han notado no se pronuncia en absoluto. Corresponde al género literario de los silencios, el más difícil de dominar)
o juega conmigo y con el personal
a que no necesitan leer ni hay nada más que decir
rA
Las consonantes están al servicio de vocales que viajan en todas las direcciones del universo.
rO
Las aguardan como un tipo despechado esperaría la oportunidad de volverse a pronunciar.
rU
Ignoran hacia dónde las llevará. Hacia el cielo o al profundo pozo de donde venga la vocal.
rE
Florecen si el abrazo de una E las viene a rescatar de su incesante rumor.
rI
Ríen, si la vertical como un índice señala la dirección que parecieran olvidar.
En todo caso una letra es poco -aparentemente- y de vez en cuando puede pensar que de quedar aislada en la infinita página de esta pantalla,
no se conocerá jamás.
Una letra modesta no se puede pronunciar si está sola. Como mucho, si se repite, puede ronronear como un gato bajo una caricia.
Este texto vive. Vive en una pantalla. Una pantalla dentro de un bar. Un bar dentro de una calle, dentro de una ciudad, dentro de un territorio, de un vasto continente, de un planeta, un sistema, y todo lo que viene detrás.
Si exeptuamos el extraordinario tamaño que tiene para su condición de texto, es más bien pequeño e insignificante.
Pero
(que excelente término al final de cualquier verdad)
una sola palabra contiene
El latido de otras muchas que ahora misma acuden a su encuentro en tu pensamiento.
Una sola palabra es un imán, y si apenas tiene dos letras, todavía más.
Ejemplo:
NO
Esta palabra sube, para luego abruptamente bajar. Luego vuelve a subir y, viendo que la alternancia se repite sin cesar, decide ser circular.
NO es un agujero sin fondo que contiene el secreto de escapar.
NO es el contrario, el enemigo, el negador original. Pero es huérfana y por sí sola carce de sentido sin otra palabra más.
SÍ
Igual que la anterior sube y baja, pero como un río más que una escalera aguda y de cortante angulosidad. Sí es lo mismo que No pero es más. Su acento se dispara como un pájaro al más allá. Después de ella todo lo que venga no estará de más.
(Al poste telegráfico se ha trepado un roedor minúsculo que inclinándose sobre sus garras se ha decidido a saltar)
SÍ ´ ´
(voló)
(ahora incluso el acento parece significar
No es ese el deseo de toda palabra, como de un párrafo, una página, un libro quizás?
Independientemente de que lo lean o no. De que existan los espejos -duplicadores de la realidad-
Aqui. Interior. Noche.
El último hielo de la copa de bourbon está por expirar. Sueña con derramarse en el suelo y, de alguna manera, volver al mar.
El tipo del bombín se levanta, arroja una moneda que alcanza el bote de las propinas y abre la puerta sin dudar. No la puerta que todos sabemos y por la que entramos, la puerta que parecía cerrada de más atrás.
El viento de la noche le golpea y, de pronto ve ante sus ojos la vía, el tren, la muchacha que se iba
..
y él ya no está detras.
Definitivamente el músico de la estación se volvió loco. Se le ve dudando entre una nota alegre y otra del más allá.
El borracho de la estación se apuró otra botella y ahora parece más cuerdo.
El bombín rueda hasta la punta de mis pies. Está lleno de polvo. No lo recojo. Querrá viajar.
Los títulos de crédito empiezan a desfilar.
El malo de la película se perdió a lo lejos y se llevó el deseo que nunca se podría alcanzar.
El blanco y negro tiene una bella gama de grises que vale la pena imitar, porque detrásde cada sombra, una luz sin duda vendrá.
La estación se llena de gente. Jugadores, ganadores y perdedores, todos preparados
para empezar
la función.
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