Gemelos

by Marcos Xalabarder

Si bien de pequeños no podían ni compararse, cuanto más crecían más se parecían.

Para haber nacido gemelos y al mismo tiempo, constituían un fenómeno científico. No se parecían en nada. No sólo tenían distinto sexo, sino también distinta raza. Él era blanco, ella era negra.

Desde el principio mostraron una radical aversión al otro. Como si hubieran deseado nacer para poder separarse.

Quizá se tratara de una disputa doméstica dentro de la matriz. Acaso fuera sólo química. El caso es que ambos hermanos se repelían como dos contrarios. Antagonistas eran hasta en el carácter; arisco el de ella, complaciente el del chico, valiente el de la niña, cauto el del niño.

Con los años desarrollaron aun más diferencias: de intereses, habilidades, estudios. Lo único en que llegaron a parecerse fue en los gustos sexuales. A ambos les gustaban los hombres. Pero a ella le gustaban más jóvenes y a él fuertotes.

Cuando pasaron la mediana edad, sin embargo, algo comenzó a cambiar. Se sentían cada vez más inclinados a llamar al otro, a encontrar una excusa para visitarle. Comenzaron a frecuentarse.

Él tenía que desplazarse a Nueva York, donde su gemela negra había triunfado con su negocio de moda. Ella tenía que volar a Barcelona, donde su gemelo blanco y gay tenía un buen cargo en el Ayuntamiento.

Con los años esta tendencia comenzó a agudizarse. Ahora también tenían sueños esporádicos con su gemelo; de pronto ella estaba en una reunión y sentía un golpe en el pecho. Al otro lado del océano su hermano acababa de sufrir un disgusto. O él estaba cenando con unos amigos y, sin saber por qué, arrancaba a llorar y no podía parar hasta que le mencionaban a su hermana.

Los dos acudieron al médico por separado. Les explicaron que cada vez eran mayores las casualidades, que cómo era posible, que ellos nunca se habían parecido en nada.

“Gemelismo Inverso”, diagnosticó el doctor Font en Barcelona. “Es un caso claro, aunque muy excepcional, de gemelismo inverso”.
“The Reverse Twins Syndrom”, diagnosticated Dr. Fountain in New York. “This is a quite clear, though very exceptional, Reverse Twins case”.

Les dijeron que no tenía cura. Era irreversible. Con el paso de los años se irían pareciendo más y más, atrayéndose irremediablemente hacia una unión placentera.

Aquella noche se llamaron y se confesaron que estaban preocupados. Toda la vida sintiéndose distintos y ahora su reunión parecía irremediable.

A los 60 ella volvió a Barcelona y a los 65 volvían a vivir juntos, en una casa grande a las afueras. Ella trajo consigo su familia, que empezó a unirse a la de su hermano. A los 70 sus hábitos eran los mismos. Él se había vuelto un poco más gruñón, pero ella mantenía la calma. Antes de cumplir 80 incluso sus pieles se habían acercado. La tez de la gemela se aclaraba y la del gemelo se iba tornando tostada.

Llegaron juntos al día de su muerte. Atrás quedaba toda la vida que les había mantenido separados.

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