Esperanza

by Marcos Xalabarder

Cuando la Esperanza llegó a los 21 años no sabía el trabajo que se le venía encima.
Hacía muy poco que había dejado de ser Confusión, cuando en su adolescencia algunos lunares habían teñido de negro sus ojos grandes y azules. Pero a pesar de ello su mirada brotaba con tanta fuerza que aún arrastraba las penas a los lados y construía un lecho de buenos rollos para sus amigos.
Más joven aún, cuando era Ilusión, tocaba los objetos con los dedos animándolos y convirtiendo los huesos en carnes. Había venido disparado.
Acababa de dejar a sus espaldas el Dolor y, como quien escapa de una cueva de cíclopes, su piel tierna se olvidó de todo y se entregó al gozo de otras pieles.
Y es que antes fue feto maltrecho
y antes una variación subatómica
y antes un ente sufriente que vagaba en busca de un propósito y que, de pronto, recordando sus existencias pasadas, se dijo:
‘Ya lo tengo: en la próxima vida seré Esperanza’.

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