‘Érase una comilla arriba y una coma abajo,
by Marcos Xalabarder
Autocuento
La Comilla era ligera y flotaba en el aire. La Coma, en cambio, era pesada y se hundía en el suelo como un rábano. Pero la primera soñaba con tocar el suelo y detener por un momento a un ejército de palabras. Quería dejar de ser tan preciosa y exquisita para bajar a la realidad de los párrafos y las frases, al día a dia de organizar el tráfico del ritmo y de la gramática.
La Coma estaba harta. Todo el tiempo tropezaban con ella, casi nunca la respetaban. A menudo se sentía mal tratada cuando la tiraban en cualquier lugar. Estaba echa para el silencio y navegaba en un mar de palabras. En medio de la marea, la Coma miraba al cielo y soñaba con ser Comilla, en perder todo el peso y elevarse hasta las alturas para abrir las puertas de la sagrada Atención a una lista afortunada de palabras.
“Eres muy afortunada, Coma”, piensa la Comilla, “porque tú estás en el texto, donde puedes experimentar todos los significados y evolucionar como Ser gramatical. Nosotras las comillas, en cambio, somos limpias y perfectas y elevamos a una frecuencia mayor a las palabras que custodiamos. Pero yo me aburro. Yo quiero sentir, correr, acelerar, frenar, intercalar, enumerar, pausar, silenciar, organizar como vosotras las Comas. Existe una manera de hacerlo, pero luego no podré volver atrás. Tendré que caminar contigo, Coma, por el resto de mi existencia. Nunca podré tocarte, porque me tacharían, pero viviré cerca, en las frases cortas, en las palabras sueltas de una larga lista. Procuraré estar cerca”.
La comilla se tiró desde lo alto de la Mayúscula y se quedó en coma. Dicen que al pasar la página el vigilante las dejó a oscuras, y que la Coma fué a visitarla cada noche, inundándola de susurros y de margaritas.
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