El papá desconcertado
by Marcos Xalabarder
Era un papá tan desconcertado que no atinaba. Se daba tropezones con todas las esquinas. A veces para no chocar extendía los brazos, pero hasta con el aire chocaba. Era que un día de una impresión abrió mucho los ojos y se quemó las pestañas. Y desde que no los cerraba todo le desconcertaba.
El señor tenía una hija que se llamaba Marta. Hacía tiempo que ni la miraba, porque cuando lo hacía, de lo mucho que la quería, se le llenaban los ojos de lágrimas. Y entonces ya ni respiraba!
Por no quedarse ciego, prefirió el desconcierto, y anduvo así un tiempo. Por fin un día le crecieron las pestañas, pero como ya no se acordaba ni siquiera las usaba.
Marta, harta de todo, cogió una baraja de cartas y la lanzó por los aires conjurando a todos los ases de la manga. Luego fue hacia su padre y le dio un pisotón tan fuerte que el pobre hombre cerró los ojos y, por fin, sintió sus nuevas pestañas. “Tengo pestañas ! Tengo pestañas !” dijo el hombre olvidando su dedo gordo. Entonces vio a su hija y parpadeó con ganas y en el abrazo que le dio, crecieron alas.
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