El niño que hablaba con la boca llena
by Marcos Xalabarder
‘‘Niño, que comas’’, le repetía su mamá cuando el niño abría la boca para decir algo. Se acostumbró a comer y hablar al mismo tiempo. ‘‘Fufa la grofa damorisa’’, le contaba alegremente a su padre cuando desayunaban por la mañana. ‘‘Nadrapu tacarina chascarano’’, explicaba por la noche durante la cena.
Al principio fueron buenos los tiempos. Cada sabor que ocupaba su boca teñía de un aroma especial cada una de sus palabras. Por ejemplo, nunca hablaba de niñas si aquella noche cenaban patatas. A las patatas les iba mejor el fútbol. Pero cuando tocaba hamburguesa se ponía las botas charlando de sus amigos y de la profe de mates. Con los líquidos, lo más agradable era mencionar sus fantasías de ser poeta y morirse en París: ‘‘Gro glo glorrrr, glupar, glupar, grrrrliiis’’.
Lo bueno es que nadie le reñía. Podía decir lo que le viniera en gana siempre y cuando comiera al mismo tiempo. El arroz le dió algunas de las noches más hermosas de su infancia: masticar todos esos granos a la vez mientras se explayaba a insultos contra su padre; o lo difícil que era despedazar la pechuga de pollo con las muelas mientras echaba flores a su madre.
Un día que su padre se había olvidado de comprar el periódico y no tenía nada mejor que hacer le dijo: ‘‘Niño, no hables con la boca llena’’. Ni siquiera sabía por qué lo había dicho. Seguramente lo había oído en alguna serie de televisión, pero le pareció que era propio de un padre advertirle a sus hijos sobre estas cosas. Luego siguió jugueteando con los sobrecitos de azúcar.
El niño se interrumpió justo en medio de un gigantesco exabrupto. Los corn-flakes le añadían ese ruido de fondo a su insulto, como arropándolo, como vibrando con su fonética. Dejó la cuchara y masticó en silencio. Cada friski que tragaba era un instrumento menos de su orquesta. Poco a poco los fue deglutiendo a todos, empobreciendo su repertorio. Cuando hubo terminado, abrió la boca y dijo: ‘‘Capullo’’.
Con la hostia que le dió su padre supo que hablar no iba a ser nunca lo mismo.
Cuentos relacionados- Un gato con intríngulis Siempre andaba curioso el gato, siempre negro, siempre nocturno. Tan...
- La digestión Siempre comía un poquito de más. Le gustaba sentir que...