El mordisco
by Marcos Xalabarder
Dedicado a Spirit
Cómo llegaron las palabras:
“(…)En cuanto a la amistad se refiere, lo que más puedo destacar de aquí es que se tome en cuenta mi opinión, que confíen realmente en mí, que sepan que muerdo a cualquiera que se meta con mis amigos(…).
El cuento:
Erase un hombre que todo lo mordía. ‘Soy un mordedor nato’, se decía. Le gustaba la tensión de los músculos, la presión sobre la presa, la fuerza que ponía en juego, pero lo que más le gustaba era dejar huella: en el cuello de su novia y en las manos de las señoras respetables, en una mesa de madera del siglo pasado y en los impresos de Hacienda.
‘Del mordisco soy un artista’, declaraba riendo tras haber hundido sus colmillos en otro contrato de trabajo. Y es que los curros no le duraban demasiado, porque no todo el mundo le comprendía. ‘No importa’, le decía a sus padres, ‘Estoy estudiando ser representante de mordiscos. Creo que existe un nicho de mercado’.
Su novia a veces se quejaba de las marcas, pero él siempre le respondía con dulzura que si se limitaba a besarla todo su amor se desvanecería con el primer golpe de aire y que el amor también dolía. Ella, en realidad, estaba encantada. Con frecuencia exhibía los mejores mordiscos de su chico entre sus amigas. Éstas criticaban tamaña tendencia pero en el fondo se excitaban y pensaban: ay si mi Paco me mordiera un poquito de vez en cuando, o ¿por qué nunca me clava los premolares?.
A causa de las envidias y de una mentalidad de retaguardia estuvieron a punto de denunciarle. ‘¡Agresión lo llaman!’, se escandalizaba el mordedor. ‘Es amor en su mayúscula expresión. Yo solo muerdo a los que aprecio’, se justificaba. Y era verdad, porque a sus enemigos se los tragaba de una pieza. ‘No querrán que encima los saboree’, se justificaba. ‘Pero hijo’, le contradecía su padre, ‘puestos a comerte a tus enemigos, mastica bien, un día te vas a atragantar’.
¡Pero es que le molestaba mucho usar con ellos los dientes! Algo tan íntimo en la carne de un enemigo no podía ser. ‘Mira hijo’, le dijo un día su padre viéndolo confundido. ‘Estoy muy orgulloso de ti y de la manera que demuestras cariño. Me gustan tus mordiscos y es bueno que dediques los mejores a tu familia, pero si no masticas bien a los enemigos nunca vas a saber lo que te has comido’.
Desde entonces actúa sin reparos para lo bueno y para lo malo, y su novia y sus enemigos se echan a temblar por igual, aunque por distintos motivos, cuando le oyen decir: ‘Cuidado que muerdo’.
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