El laberinto del Minotauro

by Marcos Xalabarder

Con el ovillo de palabras que me has dado pueden tejerse mil historias, pero déjame elegir una que habla de amor.
Somos tan ingenuos que pensamos que la mitología sólo pertenece a los libros y a la Historia y que los retos a los que se enfrentaron antiguos héroes no están hechos para nosotros. Nada más lejos, sin embargo, de la humilde realidad. Si no, para ti va este ejemplo.

‘A diferencia de lo que cuentan los libros, el hilo que Ariadna le entregara a Teseo no era de seda. En realidad tuvo lugar una de las más hermosas historias de amor que han contemplado los poetas.

Teseo nunca viajó a Creta ni se adentró en un Laberinto donde habitaba un terrible monstruo mitad Toro mitad Humano. Simplemente cayó muy enfermo víctima de su propia falta de esperanza y de un dolor muy profundo que guardaba ignorante en lo más profundo de su ser. Ariadna no era hija de un rey pero sí representaba la esperanza perdida de Teseo.

El héroe, enfermo y delirante, vagó confuso por el laberinto en busca de su peor pesadilla. Fue dejándose caer en la maraña de confusiones de su espíritu en busca de su peor fantasma. Todos tenemos un fantasma terrible al que no nos enfrentamos convencidos de que sucumbiremos. Muchas veces Teseo creyó perderse, pero un hilo invisible de amor le ligaba a Ariadna. Ella lo tejía con su sentimiento y sus rezos mientras el héroe, postrado en su enfermedad mortal, se adentraba en los oscuros pasillos del subconsciente. ‘No hace falta tomar este hilo invisible con las manos’, se decía en sueños, ‘para saber que estás ahí, acompañándome’.

Teseo finalmente llegó a la cueva más profunda de su espíritu y vio la terrible imagen de la verdad que le habitaba. No necesitó de armas, pues le bastó con su noble corazón para aceptarla. Se unió al Minotauro y aceptó su destino. Sin embargo todo sacrificio tiene su puerta dorada y de pronto tiró de él un hilo de amor que sutilmente lo sujetaba. ‘Vuelve, Teseo, vuelve’, le susurraba Ariadna. ‘Después de la renuncia no es necesaria la muerte’. Y Teseo supo volver a la vida, liberado ya de sus fantasmas.

No sabremos nunca cuántas veces hemos hecho tan poco y el mundo entero lo ha agradecido tanto.

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