El hombre que ya no podía escribir
by Marcos Xalabarder
Un escritor que no escribe no es nada. Y a los escritores no les gusta la nada, porque en ella no hay palabras. Bueno, solo hay una pero ni siquiera se pronuncia. Este escritor, que pensaba que la página en blanco no existía, se encontró de pronto con un paquete de cien folios sin abrir.
“Sin palabras, ¿qué va a ser de mí?”, se decía compungido. Ya ni siquiera podría cambiar palabras por alimentos.
“Ya no me salen las rimas, ya no siento la magia de las palabras, ya no me siguen las musas, ya no tengo limpia la mirada”, cantaba noche y día el escritor destronado.
Las pocas palabras que le quedaban fueron marchándose una tras otra, agobiadas por el estado de ánimo del creador.
El escritor cayó en una profunda depresión y eso aceleró el proceso. Poco a poco el abecedario se hizo analfabeto.
Un día que el escritor deprimido estaba asomado a la ventana, un pensamiento oscuro emergió. “Ya sólo me queda una palabra: Escritor. Si la dejo caer será como suicidarme, de manera que da igual si me tiro yo o la tiro a ella”.
Y riendo a carcajadas la arrojó por la ventana.
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