El espantapalabras

by Marcos Xalabarder

Dedicado a Cola de Paja

Era una escoba que espantaba palabras que no le gustaban. Su cola de paja barría los insultos y las desgracias. Los empujaba debajo de las camas, los escondía en los felpudos y en las cornisas de las ventanas.
Cuando la escoba barría palabras no sabía distinguir las buenas de las malas. Eso dependía de quien la usaba, que a veces paraba para recoger del suelo una monedita de plata.
Pero las palabras espantadas siempre regresaban. Aunque con constancia las mantenía el espantapalabras a raya. De hecho, le bastaba con plantarse en medio del piso con la cola levantada y ninguna se acercaba. Pero claro, tampoco venían pájaros ni flores ni nada.
En realidad el espantabalabras espantaba a las letras porque le asustaban.
Hasta que descubrió que sólo movía las cosas de sitio, no las borraba.
Desde entonces empujaba mejor las palabras, las buenas a un lado y al otro las malas. Y a veces las mezclaba. Porque tanto orden le mataba. Aprendió a ponerlas en sitios donde resaltaran. En jarrones del japón, en el fueguito de la chimenea, en la mesa junto al pan y la sal, bajo la ducha helada.
Poco a poco las palabras dejaron de temerle y acudían en masa a pedirle por favor, que las pusiera en un sitio lleno de gracia. Y desde ese momento, el atraepalabras se plantaba en medio del piso y venían a él pájaros y flores y una bruja muy dulce que voló con él en la madrugada.

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