El emperador (arcano IIII)
by Marcos Xalabarder
No llega el emperador verdadero a su trono por designio divino, aunque en su coronación la divinidad esté presente. De igual manera que no florece la semilla que no halla sus condiciones o que no se esfuerza en alcanzar el vacío.
Pasar de lacayo a emperador representa un cambio de naturaleza. ‘Cambio’ parece un término inalcanzable para una roca, aunque incluso ella se doblega ante la impermanencia. Lo más permanente es la impaciencia. Ésta multiplica los años y transforma las horas en siglos. No está hecho el tiempo para ser contemplado, sino vivido. Por eso el tiempo no tiene forma y sus representaciones son meras conjeturas.
Toma el mando el emperador en un prado y se lleva la mano al cinto con gesto satisfecho. Siempre mira atrás el emperador, hacia lo conquistado, pues es lo conquistado lo que le hizo emperador de verdad y no lo que pueda especular acerca del futuro que, por otro lado, acaso contenga su infortunio.
Podría el emperador mirar al frente y con ello conquistar la mirada de sus observadores. Pero sabe que su trono es leve y por eso ya tiene un pie en el suelo.
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