El cristal roto
by Marcos Xalabarder
Dedicado a Lara Alegre
Era un vaso de la dinastía Ming de fino cristal soplado. Estaba cuidadosamente colocado sobre un mantel de punto en el centro de una mesita del salón. Un pelotazó lo rompió en novecientos pedazos exactos. Antes de encontrar su lugar en el suelo de mármol, los pedazos volaron separados cada uno por su lado.
Por un momento fueron únicos y singulares, individuos de vidrio que reflejaban la luz a su modo: algunos la dejaban pasar añadiéndole a penas matices de blanco; otros la desviaban con descaro y manchaban paredes con repentinos reflejos de color ron, perla, azules dignísimos, rotunda púrpura y amarillos histéricos; pero la mayoría de pedazos trataron de beberse la luz como siempre habían deseado y la mantuvieron dentro un buen rato, bailando en sus estómagos de cristal hasta que la vomitaron.
Un instante antes del impacto la niña estaba mirando el vaso de la dinastía Ming: sus colores ordenados, su delicada manufactura, su fragilidad.
os cristales desordenados y volátiles compusieron para ella una breve danza con la luz. Y aunque sus ojos a penas tuvieron tiempo, su alma registró cada giro y cada reflejo, el dibujo de una virgen en movimiento, un caleidoscopio vivo en acción.
A la niña aquello le gustó. Y probó a romper también la vasija del período Chang, los vidrios tintados de la época Mullaidín y algunos cuencos de rojo fumado que procedían del reinado de Luis XVI. Obtuvo resultados asombrosos, verdaderas obras de arte efímero. Sin embargo, a pesar de haber destrozado la tienda de antiguedades de su tío, no consiguió que nada se pareciera al espectáculo del vaso Ming.
Cuando el tío entró en la tienda y vio el estropicio se mostró incómodo y reprendió a la niña por tanto alboroto. Pero cuando descubrió que entre los cristales había algunos de la dinastía Ming, se llevó las manos a la cabeza y exclamó enrojecido:
¡Mi vaso de la dinastía Ming!
¡Ah, el vaso!, respondió la niña recuperando la calma, Pues me puedes castigar por todo lo demás, pero ese, querido tío, ese se echó solo a volar.
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