El barril
by Marcos Xalabarder
Dedicado a Silvia Aber
Empezó siendo un tubo de ensayo, ligero de cristal. Contuvo algún líquido extraño que con el aire empezó a reaccionar. Inquieto ante los posibles desperfectos el tubo se hizo de metal. Poco a poco el líquido se volvía a transformar, y de tubo paso a cubo y de cubo a barril de madera sin tratar.
El barril se propuso todo aquel líquido fermentar. Lo guardaba en unas condiciones propias de una mamá. Sólo había una cosa ante lo que el líquido reaccionaba mal: los clavos de hierro que en él se venían a mojar. Así que uno a uno los fue a quitar. Cambió los puntos por las comas y a veces por un espacio sin más.
Libres de clavos los tablones aguantaron un poco más, pero al final cedieron y todo el líquido se empezó a desparramar.
Tendido en el suelo, el barril despojado volvió a ser tubo de cristal, y agonizando pensaba si lo que había ocurrido estaba bien o estaba mal. Temió que de pronto todo fuera a estallar.
Pero el líquido era agua. Sin más.
Los clavos, descolocados, se comenzaron a oxidar. Habían estado vigilando algo que no se tenía que guardar. Pronto los demás clavos los comenzaron a imitar. Saltaron los clavos de los cuadros y de las vigas de metal. Saltaron los de las sillas y las mesas, los de los mapas y las herramientas. Saltaron también los que servían para grabar en las piedras la ley natural. Todos llovieron sobre el tubito de cristal, pero protegido por el agua que le rodeaba no lo pudieron tocar.
Sin clavos la madera volvió a echar raíces y los paisajes de los cuadros se fueron a mezclar. En el suelo el agua era como el alta mar.
Y como un barquito flotaba en ella un pequeño tubo de cristal.
- El termómetro De pronto el planeta entero se contuvo. La inocente exploración...