Mike, Susi
by Marcos Xalabarder
Le reconoce enseguida. Es él otra vez. Ahora se llama Mike. Tiene esposa y dos hijos. En dos minutos tomará un vuelo con su familia rumbo a América. No le ha dado tiempo de intercambiar palabras. Ha sido un encuentro momentáneo.
Le ve atravesar el control del aeropuerto mientras ella se queda atrás. Lo volverá a ver. Dentro de unos meses, quizá más. Le gusta ‘Mike’, de ahora en adelante siempre le llamará así. Él no puede reconocerla a ella, pero ella siempre le reconoce a él. A veces se cruzan en la calle, a veces coinciden en el autobús. Mike es alto o moreno o viste bien. Casi siempre lleva gafas, todavía no entiende por qué. Sus ojos siempre fueron y siempre serán azules. Se acerca a Mike cada vez que le descubre solo. Se mantiene al margen si está acompañado. Cuando puede, habla con él. Es atractiva y no le resulta difícil llamarle la atención sea cual sea la actitud de Mike.
En ocasiones se conforma con preguntarle una dirección, consciente de que la respuesta encierra un código secreto que solo ella puede desentrañar. También puede intimar, si le apetece, y acostarse con él. Ha vivido con Mike y ha roto con él. Le ha perdonado, se ha perdonado. Regresa a sus brazos de cuando en vez. Ella es todas las cosas que es, con él. Mike tiene muchos cuerpos y muchas mentes. No siempre es amable ni tiene una gran educación. Pero el corazón de Mike es perenne y ella lo reconocería en cualquier hombre, tiempo y lugar. Nadie se puede hacer pasar por él y Mike casi nunca es consciente de que es Mike.
Susi ha crecido con Mike pero aun no está preparada para envejecer junto a él. Él tampoco para saber quién es y permanecer. Por eso suele dejarle marchar o se aleja de él. Le gusta trazar parábolas en el cosmos del amor, como una constelación que, de estrella en estrella, traza sun camino sin saber qué forma adoptará al final. Tiene la conciencia y la confianza. No necesita más. Es afortunada de saber y no tener nunca que recordar. Sólo ha venido al mundo para danzar con Mike.
Raras veces Susi duda. Después de un desencuentro temió no volverle a ver, que ni siquiera fuera real. Pero entonces entra en una librería y le ve. Quizá se llame Alfredo o Roberto o Julián. Ella le llamará Mike. Susi hojea un libro de poemas al otro lado de la mesa. Se toca el pelo como le gustaría a él. Mientras lee un verso verde cruza los dedos pidiendo que se atreva a ser él. Que se aproxime y la roce, que se haga la luz y, al fin, la pueda ver.
Entonces es posible que se hablen, que hagan el amor y que se queden juntos hasta la hora de partir. O bien es posible que se separen para seguir constelando danzas de amor y Mike ya no olvide y busque a Susi y a nadie más.
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