Un cuento para la calle

He presentado una propuesta a la Generalitat de Catalunya para escribir cuentos anónimos en distintos lugares de Barcelona. Copio aquí abajo una muestra ficticia pero con un cuento escrito para la ocasión:

TAPIA

Traduzco para quien no entiende el catalán:

“La tapia en blanco:

Parado frente a la pared en blanco, el artista se esforzaba para ver con claridad un diseño, un concepto, una idea que fuera original. Pero, por desgracia, todo estaba inventado.

En su cabeza hervían las ideas, pero ninguna superaba el análisis de originalidad. Las fue descartando y, poco a poco, la mente le quedó en blanco.

Fue entonces cuando, mirándose en esta pared como en un espejo, se iluminó. “

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El orden de los factores altera o no el resultado

Dedicado a Eddy Moreno

Tus palabras : ni Tuyo ni Suyo: Mio

Mis palabras : ni Tuyo ni Mio: Suyo

Sus palabras: ni Mio ni Suyo: Tuyo

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El bautista y el profeta

A mi buen amigo Rubén

“Eres profeta”, le dijo Rubén a Marcos nada más conocerlo. “Entonces tú debes ser bautista”,  le respondió en justa deducción.

Las dos cosas eran ciertas, ateniéndose tan solo a la breve conversación, que por la modestia y prudencia de ambos podía haber continuado así:

“El único bautista es la muerte, yo me limito a nombrar, que es lo propio de los hombres”, decía Rubén declinando toda responsabilidad.

“Pues yo, del futuro no conozco nada. Como mucho, soy capaz de ver en el pasado las señales del presente”, reflexionaba Marcos procurando ajustarse a la obviedad.

Con todo, no era extraño bautizarse ni profetizar en aquella catacumba barcelonesa, tejida de mamposteria y arcos medievales camuflada en el sótano de una anodina cocina. Seguramente se habían encontrado en aquel mismo lugar, vidas atrás, quién sabe si conspirando en la sombra contra la sombra o iniciando a los hombres en el secreto arte de la introspección. Acaso entonces también fueran profeta y bautista, aunque de manera más tradicional, y Rubén hubiera sostenido un cuenco de madera lleno de agua y Marcos apuntado una nube en el cielo antes de exclamar: “Parece que va a llover”.

Lo único cierto, eludiendo toda especulación, era que no podía existir profeta sin bautismo ni bautista sin profecía. ¿Para qué bautizar lo que no ha de Ser? ¿y cómo profetizar sin el permiso de la iniciación? Si acaso, y para evitar cualquier suspicacia, determinaron aquella misma noche que sus profesiones eran secretas y funcionaban para ellos y para nadie más.

Como buen bautista, años atrás Rubén había subido a la montaña para ayunar. En su visión había visto tres cosas: un jardín frondoso a sus espaldas, un desierto ardiente al frente y una procesión de turistas con merienda en domingo. Lo que conoció y aprendió entonces sólo lo sabe él. Pero años después le permitió reconocer y despertar a uno de sus mensajeros.

En justa correspondencia, Marcos no tardó en devolverle el favor, y en una moderna versión de escritura sagrada le dejó escrito:

“Todo en la vida es repetición y paradoja. Se repite el agua en el río y se repiten los pasos del caminante. Y, sin embargo, ambos avanzan por la tierra hacia la mar. El río también sube como el hombre a la montaña para volver a nacer y se deja transcurrir luego, en dulce o abrupto descenso, hasta el morir. Los dos ascienden al cielo y vuelta a empezar. De la misma manera, tu ayuno en la montaña no es pasado ni futuro sino eterno presente. Aquí y ahora tus paisajes te rodean: a un lado la abundancia de la tierra; al otro la árida travesía sin agua. Unos pasan de la abundancia a la miseria, otros de la pobreza a la riqueza, y sólo al asceta que se mantiene en justo equilibrio, le es dado el entendimiento de la montaña: de qué lado te inclines depende de tí.

Seis días hicieron falta para la creación, y al séptimo se retiró el creador para dar lugar a los hombres, que desde entonces se llamaron ‘domingueros’ -literalmente, los que llegan para merendar cuando todo está hecho. Sólo el asceta ha sido testigo de los días y las noches, del frío y del calor, del tiempo que necesita el alimento para brotar y de lo rápido que se consume al final.

Todo está dicho y todo está hecho. Es por eso que los bautistas se limitan a repetir la imagen del nacimiento y los profetas a recordar.”

Marcos Col. 1 Lin. 19

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Bienvenida a los vanguardistas

La Vanguardia ha tenido la amabilidad de publicar mi blog, por lo que estoy recibiendo visitas procedentes de allí.

Como barcos procedentes de ultramar, han descubierto mi isla. Bienvenidos, pues, a este rincón cada vez más grande de internet. Pasen y vean. A su derecha tienen los menús, a su izquierda los cuentos y artículos. A continuación un guía turístico les escribirá un tour por Pidemeuncuento:

“¿Se oye? ¿Se oye? Hmm, buenos días y bienvenidos a Pídemeuncuento. Durante las próximas líneas les hablaremos de la idiosincrasia de esta población. Habitada mayoritariamente por palabras, la isla -más bien archipiélago- es básicamente una Financiera. Admite toda clase de inversiones en una única divisa: la palabra. Con ellas produce cuentos que exporta por email a clientes exclusivos. Todas las transacciones son gratuitas, solo se pide que se firme el libro de visitas, es decir, que se deje un comentario. Como no hay bancos, Pídemeuncuento no se ha visto afectado por la crisis, y se está convirtiendo en un destino deseado por muchos internautas. No es para menos. Es una economía muy atractiva: a cambio de una pequeña inversión de palabras, se obtiene un cuento muy bello. Se multiplican los beneficios, se reparten los dividendos, todos se hacen ricos. Es una buena economía.

En ‘El autor’ podrán visitar la foto de quien escribe estas líneas. Hemos dispuesto este breve museo por razones meramente políticas. En ‘Envía tus palabras’ pueden hacer sus ingresos de términos para la fabricación de nuevos cuentos. Les recuerdo que la economía de nuestra isla depende por completo de nuevos inversores. Luego está el menú de los textos, una calle principal donde se erigen los cuentos. También encontramos el Tesoro Público, donde se almacenan los cuentos escritos para la reserva nacional.

Invitamos a todos los visitantes a escribirnos y darnos sus palabras. De entre ellas elegiremos las que ofrezcan un mejor rendimiento. Al final de esta línea haremos una pausa para el té.”

vangu

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Por fin! Primer recopilatorio de Pidemeuncuento.com

portada_pideme_webPor fin sale a la venta mi primer libro recopilatorio de la web Pidemeuncuento.com.

Son un total de 99 relatos que aparecen en la web, corregidos y editados para la comodidad del lector. Lanzado a través del servicio Bubok.es, tiene un precio de 15 € (estos manes se cobran 9) pero si todo va bien intentaré editarlo más barato.

Espero que los lectores de esta web lo compren, como todos aquellos que alguna vez me hayáis pedido un cuento, pues aparecen en el libro la mayoría.

De esta manera espero empezar a ser un escritor financiado directamente por sus propios lectores.

Podéis comprarlo haciendo clic aquí.

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‘Érase una comilla arriba y una coma abajo,

Autocuento

La Comilla era ligera y flotaba en el aire. La Coma, en cambio, era pesada y se hundía en el suelo como un rábano. Pero la primera soñaba con tocar el suelo y detener por un momento a un ejército de palabras. Quería dejar de ser tan preciosa y exquisita para bajar a la realidad de los párrafos y las frases, al día a dia de organizar el tráfico del ritmo y de la gramática.

La Coma estaba harta. Todo el tiempo tropezaban con ella, casi nunca la respetaban. A menudo se sentía mal tratada cuando la tiraban en cualquier lugar. Estaba echa para el silencio y navegaba en un mar de palabras. En medio de la marea, la Coma miraba al cielo y soñaba con ser Comilla, en perder todo el peso y elevarse hasta las alturas para abrir las puertas de la sagrada Atención a una lista afortunada de palabras.
“Eres muy afortunada, Coma”, piensa la Comilla, “porque tú estás en el texto, donde puedes experimentar todos los significados y evolucionar como Ser gramatical. Nosotras las comillas, en cambio, somos limpias y perfectas y elevamos a una frecuencia mayor a las palabras que custodiamos. Pero yo me aburro. Yo quiero sentir, correr, acelerar, frenar, intercalar, enumerar, pausar, silenciar, organizar como vosotras las Comas. Existe una manera de hacerlo, pero luego no podré volver atrás. Tendré que caminar contigo, Coma, por el resto de mi existencia. Nunca podré tocarte, porque me tacharían, pero viviré cerca, en las frases cortas, en las palabras sueltas de una larga lista. Procuraré estar cerca”.
La comilla se tiró desde lo alto de la Mayúscula y se quedó en coma. Dicen que al pasar la página el vigilante las dejó a oscuras, y que la Coma fué a visitarla cada noche, inundándola de susurros y de margaritas.

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El brindis

Dedicado a Anónimo

En el brindis se le rompió la copa. Todo el champán se derramó sobre su muñeca y resbaló por su brazo colándose en su vestido de boda. Algunas gotas se alojaron bajo la axila. En aquel momento lo apropiado era tomárselo a broma y alabar la fortaleza de la novia, pero ella sabía que no era un buen presagio.

Por eso, cuando diez años después su matrimonio se deshizo, se acordó de la fatídica señal. “Ya lo decía el brindis ya”.
En los siguientes años de divorciada se siguió acordando del brindis cuando dejó de encontrarse atractiva, cuando alcanzó los cuarenta, cuando le negaron el ansiado ascenso, cuando quiso ser madre y era tarde.

En su mente se rompían los mismos cristales que el día de su boda, porque una estridencia así en el día más importante de su vida tenía que reverberar para siempre, reproduciendo como en un lago las ondas de su infortunio.

Acudió desesperada a una chamana, que le confesó: “Los presagios, una vez se han visto, no se pueden deshacer. Pero se pueden reinterpretar”.

Entonces vio con claridad que su matrimonio había sido una farsa y que el brindis no había hecho más que anunciarlo.Que no era la copa, sino ella, la quebradiza, la que tenía todos los números para sucumbir a una crisis. Y así ocurrió, su vida se fracturó en mil pedazos, liberando de su prisión a todo el champán.

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Dos libros de cuentos nuevos y una novela en marcha!

Estoy sacando adelante dos recopilaciones de cuentos, una dedicada a esta página Pidemeuncuento. Mi idea es disponer de al menos tres títulos para ofrecer a mis lectores. Si me compran el libro, se lo dedico personalmente con un breve cuento.

Me gustaría sustentar mi escritura con un club fiel y creciente de lectores, establecer una relación directa entre el escritor y sus lectores y no pasar por las editoriales. Estoy madurando una idea al respecto y espero poder explicarla en breve.

Por otra parte, he vuelto a trabajar en una novela que tuve parada un tiempo. Es una gran historia y muy original. Quiero terminarla para agosto y sacar a la luz mi primera novela.

Que tengáis una buena semana.

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Falsas alarmas

Supongo que el lector de esta página ya estará acostumbrado a mis mensajes alarmistas. Que si cierro la página, que si la reabro, que si me voy, que si me quedo. Disculpen que en cierto modo utilice mi propia página web para dirimir mis dudas o tribulaciones.

El caso es que estoy vertiendo nueva energía en este lugar y me gusta lo que pasa. Así que no voy a cerrar esta página. Espero hacerla más grande, más visitada, conocida. ¿Por qué nunca me he puesto a promocionar mi web? En parte por vergüenza, pero qué diablos. ¿De qué tengo yo que avergonzarme? Me gusta lo que escribo y le gusta a mucha gente. Pero esa no es la razón principal. Más bien ha sido la vagancia. Imagínate que tiene mucho éxito y te ves escribiendo cuentos sin parar.

He tenido que madurar mi camino como escritor y mi relación con este medio para saber lo que quiero y lo que no quiero. Ahora estoy más claro y estoy dispuesto a promocionar la página. Así que termine de ultimar qué es lo que quiero conseguir con ello, me pongo.

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Encefalograma

Para mi querida Mónica

El primer beep anunció que estaba viva. Con entusiasmo trepó por la señal, maravillándose del verde púrpura que dejaba tras de sí. Su mirada era cada vez más elevada y en la inocencia de su trayecto no imaginaba que existiera un límite. Pero lo había. Sintió una profunda frustración cuando sintió decaer su energía y se deslizó sin remedio línea abajo, abandonando toda fuerza e intención. Su vida había sido corta, a penas un leve pitido, y cuando ya estaba dispuesta a aceptar la recta final, sonó otro beep. Lanzada como una llama volvió a emprender la subida, convencida de que todo había sido un error y que dependía de ella y de nada más continuar creciendo hasta el cielo y más allá. Sin embargo, volvió a suceder. Y con el tiempo comprobó que el ciclo de subidas y bajadas se repetía de forma regular.

Un día se detuvo para reflexionar. Durante unos segundos el puntito verde discurrió en perfecta horizontal, dándose la oportunidad de mirar atrás. A sus espaldas había dibujado un hermoso trayecto, constante y luminoso, donde las caídas eran el perfecto reflejo de las alturas alcanzadas.

Un cambio de conciencia aconteció y se dio cuenta de que el viaje no era hacia arriba o hacia abajo, sino adelante sin más. Que cada latido eléctrico era el regalo de una montaña más. Así, alternando su luz y su sombra, su vida y su muerte, su ying y su yang, se relajó por completo y se dejó llevar.

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El apostador

Dedicado a Javier

Nació con el don de apostarlo todo, siempre, a cada instante. Apostó su vida a que saldría del vientre de su madre, se jugó su futuro en los exámenes escolares, arriesgó su corazón con cada enlace amoroso y desafió a la muerte más de doce mil veces, es decir, cada día.

No le gustaban, sin embargo, los juegos de azar (”el azar es para quienes no dirigen su vida”, rezaba). No era un jugador, sino un apostador. Tomaba su existencia como una prueba continua de fuego, consciente de que una mañana cualquiera podría perder.

En consecuencia vivía una vida intensa y a ratos ansiosa que le empujaba hacia adelante como una explosión. Apenas tenía una pasión que le ayudaba a olvidarse de sus apuestas: las carreras de caballos.

En el hipódromo quien corría, quien competía y lo apostaba todo era el caballo, no él. Cuando los veía competir se relajaba y olvidaba los retos que la muerte sembraba a su paso cotidianamente.

Hay apostadores y apostadores, y también caballos y caballos. Él no podía tener cualquier favorito. De hecho, no confiaba en los ganadores. Eran previsibles. Conocía a fondo los participantes e invertía cantidades simbólicas en aquellos que le ofrecían un estímulo mayor. Caballos luchadores, para quienes llegar entre los cinco primeros era todo un logro. Tenía un favorito, “Lucho”, que no había ganado nunca una carrera y, sin embargo, era el más luchador de todos. En pocos años había escalado de la undécima posición a la sexta, y no prometía ir mucho más allá, pero en cada carrera lo daba todo.

“Los caballos son como yo”, solía decir, “no piensan en el dinero, ni en la gloria efímera de sus jinetes. Sólo quieren llegar a su meta de la mejor manera”.

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Tarde de lluvia

Un caminante venía de lejos. De tan lejos que ni siquiera recordaba su origen. Con el tiempo que había pasado caminando, incluso olvidó a dónde iba. Llegó a un cruce y, con él, a la obligación de decidir. ¿Derecha? ¿Izquierda? ¿Avanzar? ¿Retroceder? Quedó parado durante mucho rato bajo una lluvia que recién comenzaba a caer. Y mientras se mojaba y se hacía más imperativa su elección, el caminante se miró los pies. “Aquí”, dijo, y entonces supo que nunca más se volvería a perder.

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La noche de los truenos rotos

Dedicado a Jesús Bravo

La tormenta y la tierra tenían un pacto. La tormenta siempre avisaría de su llegada con relámpagos y truenos. A cambio, la tierra se abriría para recibir su furia y transformarla en calma. Mantuvieron el trato durante mucho tiempo, siendo ajenos a él los seres humanos, que consideraban los rayos del cielo un presagio de muerte y no de vida.

Solo unos pocos sabios tenían el entendimiento de la relación entre el cielo y la tierra. Ellos sabían que el primero era el alma y el segundo el cuerpo de todos los seres. Sabían que era la luz rugiente de la tormenta la que abría las puertas del espíritu para que pudiera trascender la materia. Comprendían que, de alguna manera, todas las manifestaciones externas lo eran también del espíritu humano. El hombre corriente, sin embargo, se refugiaba y rezaba para que la tierra no le entregara al castigo divino.

En una ocasión el cielo escuchó los rezos de los humanos y compasivo deseó para ellos una tormenta pacífica y silenciosa. Una tormenta que no se advirtiera ni asustara, que transformara sin ser notada. En consecuencia, una noche llegó a las puertas de la tierra sin avisar. No hubo rayos, ni luces, ni truenos. Descargó su fuerza sin hacer el menor ruido. Los habitantes de la región salieron sin miedo de sus casas y se sentaron en los porches a contemplar la tranquila lluvia.

Sin embargo la tierra estaba desprevenida y no se abrió para recibirla. El agua resbalaba sobre los terrenos como lo hiciera sobre las rocas y pronto se formaron gigantescos ríos que buscaban el camino al mar. Los campos se anegaron y las cosechas se malograron. Una gran inundación asoló la tierra y muy pocos sobrevivieron.

Los hombres lloraban y elevaron sus quejas a la pachamama y al padre cielo por igual. “¿Por qué ahora la muerte no es anunciada?”, preguntaron. La tierra y el cierlo tuvieron una agria discusión matrimonial: “El cielo ha roto su pacto y ahora me oculta sus intenciones”. El cielo, con un brevísimo relámpago replicó: “Son tus hijos los que me han rogado. Hazles tú entender que no hay vida sin destrucción”.

Cielo y tierra son una familia antigua y sabia, solo se discuten para encontrar una solución. Al cabo de la noche el cielo reunió todas sus fuerzas y lanzó un poderoso rayo que abrió una profunda zanja en la tierra. Todo el agua se precipitó en ella, devolviendo a sus hijos el sustento para sus pies.

Desde entonces, en esta tierra, la tormenta avisa a la tierra con sus rugidos y la tierra a los hombres con sus heridas.

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Mensaje a los lectores

Queridos lectores,

De alguna manera esta web está totalmente dedicada a vosotros. Yo sigo las estadísticas de mi página y no me puedo quejar. Estoy teniendo cada vez más visitas, pero lo que no sé es si son visitas de paso o realmente me leen.

Hace tiempo que he tomado la escritura como un camino personal, por lo que no siento depender de halagos ni de críticas. Sin embargo, me haría ilusión que nos conociéramos mejor. O sea, conoceros.

Como todo lo que escribo lo regalo, lo que me gustaría recibir a cambio son vuestros comentarios. Si alguna vez os he escrito un cuento, si os gusta lo que leéis o simplemente os caigo bien, por favor dejad comentarios. Es mi moneda de cambio, si?

Un abrazo y obrigado

Marcos

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Brenda

Dedicado a Jesús Bravo


La nota se prendió de un hilo y comenzó a volar con él. Pronto advirtió que el hilo viajaba en un grupo de cinco y que sujetas a ellos iban otras notas como ella. Se le parecían bastante y, aunque algunas eran tricornias o bicéfalas, concluyó que pertenecían a su misma familia.

Los hilos estaban electrificados y cada cierto tiempo la nota era sacudida por un chispazo que la hacía vibrar. A ella y a todas las que estaban a su altura. Parecía ocurrir cíclicamente y en orden. Es decir, las notas que se encontraban al principio de lo hilos sonaban primero y a continuación las demás, de forma ordenada y por turno de llegada. La nota sabía cuándo iba a sentir el chispazo porque la vecina más cercana le avisaba.

“Ahí viene la melodia”.

Lo cierto es que ese chispazo era agradable. Era más bien como una sacudida que la dejaba temblando de gusto un buen rato. El narrador omnisciente lo describiría como un orgasmo.

No había ni punto de comparación entre su existencia silenciosa y su vida ahora, a lomos del hilo volador. Sin embargo, la nota seguía sintiendo que le faltaba algo. No estaba segura de sonar todo lo bien que podría, y creía que otras notas sonaban mejor. Pensó que estaba allí por casualidad y que si se movía un poco, si buscaba un rincón mejor, cuando llegara la melodía saldría todo su potencial a la luz. Así que comenzó a desplazarse adelante y atrás, saltando incluso de hilo en hilo, probando a escucharse aquí o un poquito más allá.

En su periplo conoció a muchas otras notas de todas las especies: Síes, Laes, Does… Con todas esperaba la llegada de la melodía, que solía acudir al alba. Algunas veces la vibración era buena. Otras veces esperpéntica.

“¿cómo sonaré hoy?”, se preguntaba la nota que buscaba su lugar en el pentagrama.

Una mañana la melodía le sorprendió cuando pasaba distraídamente junto a un si bemol que colgaba discreto del último cordel. La vibración fue tan alta que todo se paró. Por unos instantes flotó en silencio y, al tiempo que se daba la vuelta para ver al sí bemol, la melodía las volvió a juntar. Parecía contenta la melodía, pues una y otra vez las hizo sonar, hasta que quedaron unidas.

Unisonaron a la perfección por mucho tiempo, pero su vocación era el camino, y llegó el día que debía continuar. La melodía, generosa, la dejó marchar. Ahora la nota sabia moverse con total libertad. Conocía los hilos, las vibraciones, los ritmos. Saltaba de un lado al otro, improvisando con la melodía.
Una noche que iba deambulando se encontró casualmente de regreso en su primer hogar, justo en la punta del hilo inferior. Lo encontró como lo había dejado: vacío. Se alegró de que nadie lo hubiera ocupado y tomó asiento.
Con el pie colgando del hilo miró a oriente y vio las primeras luces del amanecer. “La melodía no tardará en llegar”.

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Ricardo Corazón de Balón

Una vez habitó en esta tierra un hombre llamado Ricardo Corazón de Balón. Cuando niño descolgó una pelota de fútbol de un árbol al que nadie había logrado nunca trepar. Su mentor, el mago Balín, le educó en las artes del regate, la defensa y el cabezazo. Alcanzó tal grado de maestría que nadie podía derrotarle en un partido de fútbol.
Muchos equipos grandes quisieron comprar sus servicios, pero Ricardo Corazón de Balón sólo jugaba para su pueblo, para el bienestar de toda su familia. En vez de aceptar escandalosas ofertas, los retó públicamente a enfrentarse a él. Formó y entrenó un equipo, los Once, que tenía un león como emblema.
Ricardo Corazón de Balón tenía la pelota en el alma. Por eso la bola iba donde su alma quería. Cuando se concentraba y enfocaba, le bastaba un pensamiento para que el esférico atravesara la red. De hecho, estaba siempre tan seguro del gol que siempre los metía todos en el primer tiempo -ocho, diez, quince, según lo sintiera- y luego se dedicaba a crear preciosas fintas y fabulosas combinaciones con sus compañeros. El estadio enmudecía en el segundo tiempo. La euforia y celebraciones dejaban paso a un sentimiento íntimo y silencioso dada la belleza de las jugadas que ni siquiera necesitaban terminar en gol. Ricardo Corazón de Balón solía ‘marcar’ el posible gol con un gesto del pie, para mandar luego el esférico a la banda.
El equipo contrario siempre atravesaba las mismas fases: soberbia (te vamos a ganar), rabia (te vamos a machacar), frustración (no puedo contigo), sumisión (eres todopoderoso) y agradecimiento (amo cómo juegas).
A medida que obtenia victorias con su fútbol prodigioso, se iba ganando la fama de imbatible. Equipos todopoderosos como el Manchester United o el Barça tuvieron que hincar la rodilla. Era el mejor equipo del mundo y él el mejor delantero.
Nadie se explicaba cómo un portento de su naturaleza no fichaba por un gran equipo y se hinchaba a ganar millones. Ni que fuera, como él decía, para el bienestar de su familia.
Pero Ricardo Corazón de Balón ganaba suficiente con los partidos de exhibición. Lo que Ricardo buscaba no era la gloria, ni el dinero, ni la fama. Nadie supo nunca qué escondía su corazón -a parte de un balón-, qué intenciones le movían. Lo cierto es que todos los equipos que se enfrentaban con él vivían luego una transformación. El fútbol ya no era para ellos un negocio, ni una competición. Él les enseñó el verdadero arte del Balón. El arte del Corazón.

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El rezo

Estaba muy abajo, con el cabeza totalmente inclinada hacia atrás para apreciar la altura de la torre. Si quería que su canto llegara a la princesa, tendría que elevar al máximo su voz.
Gritó y gritó hasta casi desgañitarse, pero nada. La princesa no se asomaba. Se conoce que a determinadas alturas las palabras se las llevaba el viento. Es más. Si las palabras son muy bellas y altisonantes, esas son las primeras en volar. Por alguna razón el viento las elige primero, pues hay muchos seres en otros lugares que las quieren oír.
Finalmente se derrumbó. Bajó la cabeza y se inclinó de rodillas frente al muro. Apoyó su entristecida cabeza contra la piedra y comenzó a murmurar: “Oh amada princesa, si tan solo estas palabras pudieras escuchar. Si supieras que me muero por verte y que eres la razón de mi existir. Oh amada, si tan solo pudieras oirme”.
El murmullo trepó por la pared como una hiedra, adentrándose en sus huecos y reverberando por toda la torre de una manera tan sutil, que ningún viento la llegó a advertir. Solo la princesa, que en aquel momento dormía, sintió un rezo en la piel y se despertó.

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Mi tiempo es mi realidad

Estoy comprobando que es fundamental para ser feliz estar en el tiempo de uno todo el tiempo. Cuál es ese tiempo? El presente. El aquí quiero hacer esto y ahora. La libertad. Dejarse ser. Entonces me estoy entrenando para salir de los otros tiempos. El tiempo de las noticias, el de la política -cada vez están más locos, no tienen ni puta idea de lo que hacer-, el del reloj del ordenador o del móvil, el tiempo del trabajo y de los impuestos, de las deudas con el banco y de los plazos. Quiero sacudirme todos esos tiempos de encima y quedarme con uno: el mío. Fuera los tiempos ajenos, los tiempos de planes para mañana y para dentro de un año, los tiempos escurridizos y apresurados -son una plaga-, fuera los tiempos ajustados y los demasiado holgados que nunca llegan. Hola presente, hola desde hoy haré solo lo que me de la gana, hola me desenchufo y me voy por mi camino.

Ergo, ahora que estoy escribiendo es el momento más feliz de mi vida. Porque estoy haciendo justo lo que deseo. Sin ninguna presión ni problema de nada. Mi realidad es que soy un escritor libre, que escribe al viento y que nunca publicará un libro, si no es que requiere un soporte impreso, a menos que cambie de opinión, que puede ser. En todo caso, lo que siento es que salgo de una burbuja ficticia para entrar de pleno en el mundo.

Una de las primeras consecuencias de este cambio es que hay que soltar cosas. El trabajo por ejemplo. Yo no puedo estar en dos tiempos al mismo tiempo. Estoy totalmente comprometido con mi tiempo, no puedo ocuparlo trabajando en lo que no quiero. Ni quiero entrar en el sistema. Para cobrar 200 euros tienes que pagar autónomos por valor de 250, luego haz una declaración del IVA, otra de la renta, paga el autobús, yo que se. No puedes. Legalmente claro, en este pésimo sistema que un patanatas ha inventado y todos por pereza hemos seguido. Cuanto más ganas, más atado estás al sistema, a los bancos, al coche, a la casa, a la relación de pareja, a los hijos… A los bancos sobre todo. Entiendes que tu vida consiste en pasarlo bien con tu familia o amigos, pero que el coste son 8 horas diarias de curro cinco días a la semana. Te queda un fin de semanita, que uno te lo bebes y otro te lo duermes. Estás en la mitad del podio, porque tienes trabajo, coche e hipoteca. Sueñas con ganar más y tener todo lo mismo pero más grande -lo que no se puede agrandar no se puede-, sueñas con que te enamoras de nuevo de tu mujer o de otra. Llegarás a ser más feliz. Entonces entiendes que depende de tí y te esfuerzas más en el trabajo, pero ya ves que tomará años. Puede que vayas escalando y mejorando tu nivel de vida, y te separes de los que tienen que asegurarse el salario, los que van justos de dinero o los que nunca han viajado a Nueva York.
Cuando después de mucho viaje y trabajo llegas a ese lugar, te pones las zapatillas y te dices: bueno, ha llegado la hora de disfrutar de mi libertad. Me la he ganado. Te pones tus pantuflas y zas. Enciendes la tele.
O sea. Has estado remando durante años para darle tu dinero a alguien y lo que recibes a cambio son anuncios y programas de entretenimiento. O sea, para entretenerte o tenerte distraído. Vas a pasarte el resto de tu vida haciendo zapping o, con suerte, despidiéndote de los lugares donde nunca estuviste. Te mueres y listo, me traigan otra gallina al gallinero. Te reemplazan. Puede que lo hagan antes, cogiéndote desprevenido. Hay tantas maneras como granjas.
Pero resulta que estamos de suerte. Seguimos siendo humanos. Tenemos un gran poder para cambiar las cosas y sólo tenemos que despertarlo. El sistema se ha asegurado de que ese poder permanezca oculto, anulado. Está tan bien montado, con una tecnología espiritual tan buena, que el sistema te va implementando en el cerebro desde niño una serie de mensajes, que previamente ya han aceptado tus papás y los papás de tus papás. Luego alimentan esos mensajes con publicidad, propaganda, etc.. No dejan de insultarte para que aspires a ser otra cosa de lo que eres. Para que no te aceptes como eres, para que no seas tú. En la medida que puedan tenerte deseando ser otro, no serás tú. Así de simple. Estarás como una marioneta en manos de las campañas de cremas para la vejez. Tú sigues esas corrientes o te resistes. Puedes ser de las presumidas o de las hippies que renuncian por despecho. En cualquier caso vas a favor o en contra, y eso en el lenguaje tirititero es pie arriba, pie abajo. No nos preguntamos a dónde nos lleva determinado ideal. Y sobre todo, quién nos lleva. La belleza es hermosa y valiosa. Pero viene un tipo corta un cacho que le parece bien y la etiqueta: cocacola. Eso no es belleza simplemente porque la tapa un logo. Entonces, ¿quién conduce el coche? Si lo conduces tú, márcate tus propios ideales y persíguelos. Si dejas que conduzca otro, ya puedes cerrar los ojos y dormir tranquilamente el resto del viaje.
Si es que no te despierta la sacudida de un terremoto. Porque la crisis arrecia y sirve para despertar a los dormidos. Sacarlos de sus casas, ponerse las pilas y cambiar el mundo en el que se han instalado. Y recuperar, de paso, su amor propio y libertad.

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Rumores

Oye un rumor como de volcán en su interior. Camina cabizbajo pensando que tiene algo malo y que pronto va a manifestarse. Al mismo tiempo siente el deseo de que el volcán entre en erupción y le deje bien limpias las amígdalas. Se debate entre contenerse y dejarse llevar. Sabe -porque lo aprendió en algún sitio- que los volcanes escupen fuego y se pregunta si su lengua lo resistirá. No hace mucho se quemó la punta con una sopa caliente.
En realidad quiere que suceda. Que se inicie la cuenta atrás y ya no se pueda detener. Quiere desprenderse de esta tensión como lo haría la manzana que se descuelga del árbol.
De pronto entiende que está resistiéndose y que sus dudas son un muro de rocas que detiene el avance del fuego. Cierra los ojos y se concentra en alguna grieta donde colocar una carga de dinamita. Provocarse una explosión tiene que doler, piensa, pero luego todo estará bien.
La mecha es larga y, en el transcurso de su breve vida, le concede tiempo para pensar. Hubiera preferido resolverlo de forma pacífica y amorosa. Hay tantas memorias abruptas y toscas en su interior como rocas en una cordillera. Mejores formas, suaves meandros en vez de esquinas, tallas hermosas contra accidentadas aristas. Tantas veces hubiera preferido ser rio a ser montaña.
En el último momento arranca la mecha e impide la explosión. Ya lo ha hecho otras veces. No cree que sea la mejor solución. El rumor sigue creciendo en dirección al rugido. Y él reza para no ser el obstáculo.

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El eje de la rueda de la fortuna

Un hámster corría sin cesar dentro de una rueda. Pero por más que corría y corría siempre estaba abajo.

“¿Cómo llegaré arriba”, se decía, “si esto se mueve tanto?”

Probó a tomarlo con calma pensando que “pasito a pasito se llega a la cima”. Tras varios días caminando por la rueda comprobó que no había subido ni un peldaño. Entonces, furioso, empezó a correr tan deprisa como pudo. Pero no subía. En cambio, la rueda giraba con tanta fuerza que llegó un momento en que era ella la que le hacía correr a él.

Con la lengua fuera, el hámster rendido se dejó caer y durante un par de vueltas supo lo que era alcanzar la cima.

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Renovación total

x-la-rueda-de-la-fortuna

Voy a cambiar totalmente Pidemeuncuento.com. A partir de ahora será, sobre todo, mi blog de escritor. Aquí es que puedo verter mi corazón en forma de escritura. Libre.

De momento mantengo el nombre de la página (pidemeuncuento), porque está circulando por la red desde hace tiempo y porque le tengo un cariño, qué se yo. Pero ahora Pidemeuncuento será mucho más. Será mi portal de conexión directa con mis lectores. Bajo Wordpress se pueden implementar muchas tecnologías, servicios, etc… y creo que este canal me sirve.

Tengo muchas líneas lanzadas y no puedo seguirlas todas. Quiero publicar aqui algunos de los hilos que mi escritura está desenredando. Y seguiré escribiendo cuentos, claro, a quien me pida con interés. Un buen cuento es una eficiente medicina. O un alegrón envasado.

Mi arte es la escritura. Estoy en pleno crecimiento con ella. Es un don de Dios que me conecta cada vez más con el poder de la palabra. Y con mi poder. Es cuando uno se toma verdaderamente en serio que su poder se activa. La escritura es el arte (o el medio), pero mi verdadero poder es el amor. El amor incondicional por mis semejantes. Yo aspiro a morirme siendo todo amor. Y cuanto más me hago mayor y ‘maduro’, más claro lo tengo.

Lo que quiero decir es que, consciente de mi talento, si soy ‘escritor’ o no es lo de menos. Si tengo lectores o no es insignificante. Lo que importa es que pongo todo mi corazón al servicio de hacer de este mundo un lugar mejor. O de revelar lo maravilloso que es. A mí no me interesa la literatura porque sí. Me gusta el relato, la novela, el teatro… Pero ahora mismo sólo si sirve para algo. Para transformar el alma como mínimo. Traer la belleza y la sabiduría a este mundo sin parar. A mí no me interesa hablar de ninguna fantasía que no sea un camino para el alma. Ni novelas históricas ni cuentos ingeniosos para entretener algún intelecto engreído. Yo soy un narrador para personas que andan el camino del espíritu y del crecimiento. Un especialista si quieren.

Por eso Pidemeuncuento será la página vital de este escritor y su palabra. Al menos de momento.

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Pidemeuncuento está mutando

Decirles a todos los que alguna vez vinieron buscando mis cuentos que estoy en pleno proceso de mutación creativa y que pronto voy a florecer. Que se preparen para la abundancia como me he preparado yo.

Marcos

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Nota pre-póstuma

Todavia no he triunfado y ya voy a morir. Muchos de mis cuentos siguen inéditos. Comencé buenos libros, pero luego siempre los fui dejando. Empecé a escribir para llenar las paredes de algo. Estaba muy solo. Me liberó muchas veces. Luego escribir era mi única vía de comunicación. Era casi autista. Gané un premio, saqué adelante una colección de relatos. Pero la vida me puso vida en el camino. Y por diez años me olvidé de que era escritor.

Un día por fin me acuerdo y me pongo a escribir mucho. mejor: lo comparto. Escribo pidemeuncuento a todo el mundo. Ciento y pico. Me canso. Pero me publico un viejo libro y rompo mi timidez para presentar espectáculos en vivo. Estoy en un proceso de cambio. Todo lo que hago trato de llevarlo a la experiencia. Escribo menos, hago más performance, trato de romper mis límites. Hago terapia, todo para curarme la tristeza. Comprenderán que la literatura volviera a pasar a segundo plano. Además, ya no quiero hacer literatura. Sólo escribir cosas reales.

Un verano, en uno de esos cursos, me reconecto con mi poder de escritor y empiezo dos novelas. Son buenas, tienen futuro, pero a mi me espera otro ancho camino de vida por delante. No tiene tanto peso mi libro como mi vida, y de nuevo me aparco.

Ahora, de alguna manera, tengo que morir. Una parte de mí se va a morir. El ego del escritor se me quedó pequeño hace tiempo. Pero todavía creía que escribiría una novela de detectives textuales y teatro y cosas así. Pero no prosperaba. Pasaban los años y no, no lo había hecho. Entonces, ¿de qué me cuesta tanto desprenderme? De la escritura, sin duda. En cuanto se detenga esta escritura al final de este párrafo me habré muerto. Ahora comienza la lectura.

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Todo va muy deprisa

Todo ha ido muy deprisa, me digo. No he acabado de montar esto y ya tengo que ir por lo otro. Pero no. No es que todo vaya deprisa, que sí que va, es que yo he estado dormido. ¿Qué he levantado en este tiempo? Nada. Cosas a medio hacer.

Es el momento de recordar por qué he entrado en este ciclo. Para crecer creando. Para aprender a escribir bien mi vida.

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Dejar de escribir

Estoy en una etapa de mi existencia en la que, a toda velocidad, se me caen las palabras. Una detrás de otra, todas las expresiones en las que creía poder invertir mi talento, caen caducas al suelo.

No hay lugar para el experimentador y el cronista en el mismo cuerpo. Cuando uno experimenta, experimenta. Cuando uno crea, crea. El cronista, en cualquier caso, es un ser desfasado en el tiempo, una suerte de Peñafiel de la retahíla de sucesillos en mi vida.

Lo que quiero decir es que con el esfuerzo de un topo he labrado mi caminito hasta la superficie de un personaje que escribe y es poeta, etcétera. Pero que ahora parece que ni eso sirve. Pesa. No deja fluir, estar presente. Demasiado esfuerzo en mantener el ego contento. Hace aguas por todos lados. No es buen negocio.

Es mejor soltarlo todo. Partir. Solo entonces, en la escucha verdadera de la página en blanco, el verdadero escritor dejará su huella.

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Amor de pies

Eran amantes ocasionales. Solían encontrarse en las frías mañanas, bajo la ducha. O en los cálidos domingos de primavera, en los

que podían juguetear bajo las sábanas hasta bien entrada la mañana sin que nadie les molestase. Pero su época preferida era el

verano. Entonces sí que podían sentirse libres durante largos periodos de tiempo. Y se dedicaban a correr por la playa, rozándose, arañándose, salpicándose motas de arena con agua, para luego correr juntos a tumbarse al sol y frotarse la espalda.

Sin embargo el suyo era un amor furtivo, duramente perseguido. La mayor parte del tiempo la pasaban confinados. El encierro consistía normalmente en un calcetín de hilo, a veces más ligero, a veces grueso y asfixiante, que apretaba todos sus dedos unos contra otros. Por si fuera poco a su camisa de fuerza había que añadir una gruesa armadura que se aseguraba con cordones y nudos apretados. A veces eran zapatos, a veces sandalias y, en el casos extremos, botas.  Aunque lo peor no era estar encerrados, sometidos a prolongados periodos de oscuridad ni el calor que sufrían ni el trabajo forzado.

Lo peor para los amantes es que los condenaban por separados. Sendas prisiones habían sido diseñadas para incomunicarlos. Por alguna cruel razón también les castigaban con el aislamiento. Y aun a pesar de eso, a pesar de que no podían verse ni tocarse, sabían que su amante estaba cerca de ellos. Solían golpear las paredes de sus celdas para hacerse señales y les parecía que podían hablarse de esta manera.

Eran capaces de coordinarse, y habían planeado escaparse muchas veces. Ensayaban una y otra vez, ayudándose a descalzarse. Ah, el momento de salir del zapato era sublime. En cuanto caía la pesada carga se sentían liberados y la sangre volvía a excitar sus deseos. Tocarse, amarse, frotarse, rascarse, estrecharse el uno con el otro durante los breves permisos nocturnos o en los escasas horas de libertad condicional que les eran dadas. Sus fantasías más sublimes llegaban incluso a verse colmadas cuando en raras ocasiones se encontraban solazándose frenéticamente con otra pareja de pies desnudos.

Pero tras el orgasmo de libertad siempre volvían a capturarlos. ¿Qué extraño loco era capaz de divertise torturándoles de esa manera? En sus sueños dentro del silencioso zapato practicaban para ser capaces de cruzar los dedos y desear que los pies desconocidos de la noche anterior lo hubieran logrado, que hubieran conseguido huir y correr lejos, muy lejos, hasta un lugar secreto donde poder gozarse interminablemente hasta que la muerte o una pierna les separe.

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Mi escritor incipiente

O debería decir mi escritura incipiente. La que asoma la cabeza es ella, no yo. De un año a esta parte mi relación con la escritura se ha fortalecido mucho, me conecto desde más adentro y con más creatividad. Y esto es sólo el principio. Mi ambición es que se una totalmente lo que Yo SOY y lo que HAGO para vivir. En pocas palabras, vivir de escribir.

Por suerte, esta no es una ambición adolescente, como la de querer ser astronauta o jugador de fútbol. Es una ambición de adulto que consiste no es alcanzar un rol determinado (el de ‘escritor’) sino hacerme uno con mi naturaleza y actuar en consecuencia. Yo soy, esencialmente, un escritor. Podría ser un fontanero o un alto ejecutivo, pero no. Soy un escritor. Te pasas la vida negando tu esencia y para cuando te das cuenta ya te has perdido la escuela, la universidad y diez años de vida laboral que podrían haberte servido para orientarte antes.

Pero nunca es tarde si es ahora. Ahora sé mejor lo que quiero, sé discernir un mal texto de uno bueno, sé entender mejor a las personas y cómo llegar a ellas escribiendo. Y lo más importante, tengo contenido.

Si puedo presumir de algo es de que tengo contenido. Por muy naif que sea mi escritura -a veces es un recurso como otro- mis textos tienen mucha densidad de contenidos. Un sifnificado profundo los une a todos. Hay mucho texto debajo de la alfombra de texto.

Lamentablemente, estamos escasos de verdadero, nutriente contenido. Yo soy como un panadero que alimento bien mis textos para que alimenten al lector. Me gusta además la relación directa y personal con el lector, que muchas veces se convierte en el coautor de mis historias. No son sólo coescritas, sino muchas veces covividas también.

Hoy conozco mejor mis virtudes y mis limitaciones como escritor. Hoy estoy seguro cuando escribo algo. Todavia queda mucho por conquistar pero por lo menos ya no lucharé contra mí mismo.

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Cuentos off the page

Todavía no he resuelto mi relación con esta página. El caso es que actualmente escribo más y mejor que nunca pero Pidemeuncuento ya sólo me sirve como tarjeta de presentación. Le digo a la gente que se interesa por mi escritura: “Tengo una página de cuentos en internet”, pero la verdad es que está casi abandonada. Es como el hogar de la infancia.

Por otro lado, me resisto a que desaparezca.  No sé si es por no tirar el trabajo hecho, o porque realmente creo que la acabaré incorporando a mi vida cotidiana de escritor. En todo caso, nada puedo decidir mientras no lo sienta con certeza.

Seguiré llevándome por el impulso y escribiré los cuentos que tenga ganas en el momento, lugar y soporte que encuentre espontáneamente.

Como decía, estoy escribiendo mucho, y contando en vivo. Ya no necesito un escenario, porque tengo la confianza de hacer mi numerito en cualquier circunstancia y ante cualquier público. Y ya no son solo cuentos. Estoy embarcado en la escritura de dos novelas y algunos monólogos teatrales.

Ya sé que no puedo decir nada de ello hasta que no esté realmente acabado. Pero ese es precisamente mi objetivo. Que este año, antes de agosto de 2009, yo haya terminado una novela y representado dos monólogos. Es una meta.

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Novedades

Señores, parece que el menda se mueve. En este mes de junio y julio me he estado lanzando a una variedad de actividades expoperformáticas.

En la terraza de unos amigos, después de una sesión al aire libre, llevé a cabo un experimento para trascender al superhombre. Este es el resultado:

Performance de Marcos

Por otro lado, estaré en el TAC (Terrasa Acció Creativa), del 11 al no se cuántos de julio. Llevaré a cabo una doble performance (SPLITTED) y una sesión de INVENTACUENTOS.

Como me anime, pasaré del hipertexto a la tridimensionalidad.

A mas ver!

Marcos

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Problemillas técnicos

Tengo algunas dificultades derivadas de pasar a la última versión de Wordpress. Algo ha pasado con los tags que no chutan.

Por un tiempo, no se podrán mostrar las palabras clave que me ha enviado cada remitente para su historia.

Este sitio, por tanto, pasa a estar ‘en construcción’.!!

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Nuevo INVENTACUENTOS

Estoy preparando los materiales para presentar, después de 3 años, el INVENTACUENTOS, mi espectáculo de creación en vivo.

Se trata de un número que sólo se ha representado 4 veces, con éxito variado. Sin embargo, la naturaleza del espectáculo hace que su éxito no dependa de la preparación o los ensayos (es 100% improvisado), sino de la evolución personal del autor.

En estos años muchas cosas han cambiado en mi vida y personalidad, por lo que espero que parte de esa ‘liberación’ se transmita en mi nueva propuesta.

Pronto sabré dónde y cuándo. Os mantendré informados.

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El video

Debía funcionar mal aquel trasto, porque cada vez que metía una cinta, la rebobinaba.

- “No es normal”, le dije al dependiente de la cadena de electrodomésticos. “Se supone que cuando metes una cinta el vídeo la pone en marcha hacia adelante”.
- “Es el sistema”, respondió el amable empleado mientras se ocupaba de unos papeles pendientes, “El vídeo rebobina la cinta automáticamente para llevarla al principio”.

Pienso que el dependiente no me podía ayudar. No era que la rebobinara, sino que, literalmente, la ejecutaba hacia atrás. Se empezaba por el final y se acababa viendo el principio de todas las películas que metía. Al principio pensé que la culpa era mía por adquirir un VHS, cuando ya casi no los fabrican. Podía haber comprado un DVD o un MPG o algo con letras de esas. Pero le tenía un cierto cariño a la máquina.

Aquella tarde puse una cinta y la historia contaba:
“Un pensamiento suspendido en el vacío se dio cuenta de que nada lo ataba. Podía ir tan deprisa como él mismo y recorrer miles de millones de intuiciones en nada. También podía ir hacia atrás si lo necesitaba. De manera que se planteó regresar a su origen, al pasado, donde esperaba encontrar la razón de su existencia.
Temía que acaso no hubiera razón alguna, y por un momento, antes de lanzarse al pasado, temió por su vida. ¿Y si le esperaba el vacío al otro lado? ¿Y si se adentraba en la inexistencia? Dejaría de latir como pensamiento y acaso se transformaría en concepto o en nada.

Por eso el pensamiento se encogió de hombros y, antes de adentrarse en el camino sin retorno, mirando hacia atrás se despidió de su futuro.

De pronto se encontró contento, sonriente y optimista. Le había subido la bilirrubina. Una dulce corriente comenzó a arrastrarlo. Se sintió parte de una corriente que danzaba de vuelta a la fuente de su nacimiento. Mientras se deslizaba por meandros y cantinelas, el pensamiento fue sintiendo cada vez más y más fuerza. Se pensaba a sí mismo y se sorprendía mucho de que teniendo un origen tan luminoso hubiera pasado por etapas tan oscuras en su vida.
Pronto el río impetuoso del enamoramiento lo depositó en las faldas de su madre que, como olas, le acariciaban celebrando su regreso al origen: el amor”.

Naturalmente, la película es al revés. El argumento explica la historia de un pensamiento que nace del amor y que la vida aleja de su origen hasta que se olvida de quién es. Termina cuando se encuentra a sí mismo. Me pregunto por qué mi video se comporta de esta manera y lo único que entiendo es que es un electrodoméstico de inteligencia muy avanzada. Porque todos los demás reproductores del mundo creen que las películas empiezan y terminan, nacen y mueren, y todos sostienen que cuando llega el final, todo se acaba.

Pero mi video ha descubierto que la vida es redonda y que, si se parte de un sitio y se sigue recto, no importa en qué dirección, siempre se regresa al mismo punto.

Lea el lector las palabras de este cuento en la dirección que quiera, de dentro afuera, de fuera adentro, de derecha a izquierda o viceversa. Siempre encontrará la misma historia y, en ella, todas las palabras que no han dejado nunca de pertenecerle.

(ejemplo: AMOR Y PENSAMIENTO, DISTANCIA Y ENAMORAMIENTO, DESPEDIDA Y ATRÁS, SIN Y VUELTA, PASADO Y RAZÓN.

El pensamiento procede del amor. El enamoramiento se distancia del amor. Las despedidas siempre se quedan atrás. Sin y vuelta son un bucle donde uno se acaba y el otro empieza de nuevo. El pasado sólo existe en la razón.)

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