Imaginemos que se nos ocurriera visionar en una pantalla toda nuestra vida, minuto a minuto, dia a dia…
¿Hasta qué edad deberíamos filmarnos para poder visionar nuestra vida en vida?
Para poder responder a esta pregunta haremos unos cálculos muy sencillos, acotando antes unas mínimas condiciones de contorno:
- Consideramos que cada dia vivido y filmado tiene 20 horas; descartamos las 4 restantes por ser las que corresponden al centro del sueño, demasiado estático y aburrido.
- Consideramos que cada dia que dedicamos al visionado de nuestra vida-ya-vivida tiene 16 horas válidas; descartamos las otras 8, que necesitaríamos para dormir y poder afrontar con frescura otra jornada de visionado.
Estas simples condiciones se pueden modificar a discreción, según la persona y el Review-your-life Plan que se haya trazado (por ejemplo, uno puede decidir que va a dedicar únicamente 8 horas diarias al visionado de su vida-vivida y consumir las 16 restantes en tareas más prosaicas, como trabajar y dormir)
Visionarse la vida no es baladí. Requiere una gran inversión de tiempo y una constancia y dedicación absolutas, so pena de convertirse en una tarea sinsentido: Si uno decide que va a visionar el período de su vida que ha transcurrido entre los 0-12 años, debe de iniciar el visionado a la edad de 12 años y acabarlo a los 27 (véase Tabla, página 2), y aquí se acaba la experiencia, ya que continuar sería una redundancia, visionándose unos a sí mismo a los 12 años, sentado en la butaca y contemplando su propio nacimiento; un déjà vu larguísimo y carente de toda gracia.
Entonces, para poder seguir visionando la vida-vivida, debería vivir otro período de vida real y libre, desde los 27 años en adelante, pero eso supondría abandonar la sala de proyección y salir a la calle a vivir una vida real y libre (si sabe, y puede). Pero para poder visionarla de nuevo en su totalidad necesitaría esperar unos cuantos años más. Por ejemplo, si vive real y libremente 12 años más, debería volver a la butaca a los 39 y abandonarla a los 54, y con ello habría visionado dos largas etapas de su vida: desde su nacimiento hasta los 12 años y luego desde los 27 hasta los 39 años. Y aún le quedarian 11 o 13 años más de vida real y libre, ya sin filmación ni visionado; un tiempo para pensar en la jubilación, devolver a la familia los cuidados recibidos o asesorar a otros emprendedores con la misma curiosidad vital.
Otro modo de realizar la experiencia sería el visionado inmediato, que consistiría en vivir cada día, real y libremente, durante 8 horas, y dedicar las restantes a visionarse y descansar, pero tiene el inconveniente de que lo vivido no ha tenido tiempo de acumularse y depositarse como recuerdo en la memoria, dada su inmediatez (si entendemos recuerdo como algo sucedido o vivido que, en un período dilatado de tiempo, vuelve a la memoria para satisfacción o dolor del enajenado)

Rewind Life Table
No crean ustedes que este visionado tan extenso no pueda reducirse, pues si se tiene en cuenta que durante nuestra vida vivida se produce muchos momentos muertos y carentes de interés (como las interminables esperas en el dentista, las largas tardes de lecturas en la biblioteca sin levantar la cabeza del libro, el sumatorio de horas perdidas viendo las corridas de toros por televisión o las lagunas vitales que suponen las siestas en verano) podríamos prescindir de su visionado, apretando el
y ganando así minutos y horas… Bien mirado, podríamos disponer de todas las teclas de mando (
,
,
) para el visionado a placer de nuestra experiencia vital, y avanzaríamos, nos detendríamos o retrocederíamos según nos pareciese oportuno.
Estas pequeñas ganancias de tiempo podrían llevarnos a terminar el visionado antes de lo esperado… o a dilatarlo indefinidamente, pues si nos quedásemos dormidos en la butaca perderíamos un visionado que, si queremos ser fieles a nuestro propósito, deberíamos reiniciar en el punto exacto donde lo perdimos.
Puede también que, en algún momento, apretemos el
para comentar a un amigo o familiar alguna escena concreta, recreándonos en ella; pero debe evitarse, pues nuestra dedicación al visionado no nos da tiempo para nada más; se prolongaría éste inútilmente y les robaríamos el tiempo a nuestros allegados, que deben mantenernos.
Si acelerásemos el vídeo con un 2x o 4x, por ejemplo, podríamos reducir sensiblemente el tiempo de visionado de nuestra vida, pero sería triste, ya que ésta no es una vulgar-serie-pensada-por-otros donde se puede ir saltando de escena en escena sin más ligazón que la borrosa idea del guionista, sino un contínuo que merece toda nuestra cariñosa atención.
A algún ansioso incontrolable se le puede ocurrir visionar su vida muy rápido, pero corre el gravísimo riesgo de padecer un síncope por colapso visual, ya que concentrar las 343.100 horas de que constan 47 años de vida en tan sólo 16 horas de visionado (recordemos: según nuestros parámetros corresponde a 1 dia de butaca) supone que por cada 1 hora de proyección transcurrirían vertiginosamente 21.434 horas de nuestra vida-vivida o, llevándolo a una dimensión más reconocible, en 1 segundo veríamos pasar
5’95 horas de ésta.
Y por si alguien se siente tentado a dedicar al visionado sólo 10 segundos, acelerando infinitamente el pase de su vida-vivida, que tenga en cuenta que eso es precisamente lo que nos sucede en el instante de morir, según explican los que han podido volver de allí. La ventaja está en que moriríamos cómodamente sentados en una butaca, pero lo haríamos justo 10 segundos después de haberlo vivido, y en nuestro visionado no aparecería nunca el momento de nuestra muerte, lo cual nos da una vida a todas luces incompleta.
Además, abundando en las malas praxis, si nos visionáramos visionando, nos regalaríamos una deprimente proyección de una vida-no-vivida, cuando al acabar el visionado de la vida-vivida sólo tengamos como continuación una vida-sentada-viendola- vida-vivida, y así.
También puede hacerse por partes, marcando etapas, claro está: si yo, a mis 50 años, decido que quiero visionar únicamente mi vida transcurrida entre los 15 y los 30 años, puedo invertir tranquilamente 19 años de mi vida en hacerlo, según las condiciones expresadas. Y si empezase ahora mismo, a los 69 habría revisitado toda mi vida desde los 15 a los 30. Época gloriosa, sin duda.
A partir de ahí, la percepción de mi vida-ya-vivida entre los 15 y los 30 se combinará,de una manera extraña y desconocida, con mis recuerdos vividos, pero no filmados, de entre los 30 y los 50, llevándome a quién sabe qué cavilaciones.
Dejémoslo aquí y démonos tiempo para vernos, aunque sólo sea en el ahora, y en el espejo.
A.Xalabarder. 2010